Las Torres
(11 septiembre 2001)
Se derriban las torres como
si visto por ojos cruzados,
cayera un Goliat abatido por un David.
Detrás de los mitos
¿quiénes somos los culpables?
¿quiénes los inocentes?
¿Cual es la distancia
entre la justicia y la venganza?
La muerte es inevitable, no justa.
Y cuando los inocentes caen
en las redes de la violencia, es terrible.
Que la Tierra los tenga en descanso.
Si monumento hiciéramos
digno de sus muertes
en honor y memoria de ellos
comprometámonos
a la libertad,
a la justicia verdadera,
a la paz mundial.
Que si la muerte no es justa,
justas sean nuestras vidas.
Rafael Jesús González
(Abalone Moon, November 6, 2007
derechos reservados del autor)
(11 septiembre 2001)
Se derriban las torres como
si visto por ojos cruzados,
cayera un Goliat abatido por un David.
Detrás de los mitos
¿quiénes somos los culpables?
¿quiénes los inocentes?
¿Cual es la distancia
entre la justicia y la venganza?
La muerte es inevitable, no justa.
Y cuando los inocentes caen
en las redes de la violencia, es terrible.
Que la Tierra los tenga en descanso.
Si monumento hiciéramos
digno de sus muertes
en honor y memoria de ellos
comprometámonos
a la libertad,
a la justicia verdadera,
a la paz mundial.
Que si la muerte no es justa,
justas sean nuestras vidas.
Rafael Jesús González
(Abalone Moon, November 6, 2007
derechos reservados del autor)
El décimo y un día del noveno mes es una fecha dolorosa en marcar. En este día en 1973 el legalmente elegido gobierno de Chile fue derribado por instigación y con el apoyo activo del gobierno de los Estados Unidos y la CIA introduciendo un régimen de terror que duró por casi veinte años. En este día en 1991 mi querida comadre Guillermina Valdés de Villalva fundadora de los Colegios de la frontera fue muerta en un accidente de avión de Continental Airlines cerca de Houston, Tejas. Diez años después en este día en 2001 las torres gemelas del Centro del Comercio Mundial en Nueva York fueron derribadas por terroristas.
Con la destrucción de las Torres se fue una gran parte de nuestra democracia lentamente en desarrollo, un hecho, no de terroristas extranjeros, sino de nuestro propio gobierno, una plutocracia más cerca al fascismo que a ninguna otra cosa.
Ahora, después de una serie de guerras criminales, la economía mundial deprimida por la villanía de las corporaciones y los bancos, gran abuso de los derechos humanos, frente a un desastre climático, después de una terrible pandemia, el fascismo nunca ha sido más real en la nación. Nos enfrenta un fascismo absoluto (apoyado por las corporaciones, 1% de los ricos y hordas de los insatisfechos, resentidos, racistas, violentos) y una débil esperanza de democracia. Las opciones que nos presenta el establecimiento son reales pero desalentadoras — y tantos de nosotros en un estado de negación.
Hace 25 años en septiembre de 2001, tomé un vuelo a Boston para la boda de mi ahijado Max Villalva Valdés y decidí quedarme a visitar amigos intentando regresar de Boston a San Francisco el 11 de septiembre. No obstante cambié mi vuelo de regreso uno días antes para asistir a otra celebración de amigos en la Bahía de San Franciso. Así es que en el 11 de septiembre de 2001 pude escribir:
Amor y pensamientos a mis amigos en un día oscuro
Desde esta madrugada que un amigo me llamó de Nueva Inglaterra con las noticias de la destrucción de las torres del Centro de Comercio Mundial en Nueva York, he estado ofuscado, demasiado aturdido para poner en orden lo que siento, lo que pienso excepto para confirmar mi profundo odio a la violencia. Por supuesto que siento dolor y rabia — y un gran temor.
No he podido comunicarme con mis amigos en Nueva York ni con mis amigos en Washington, D.C.; no sé si estén bien o no.
Y a pesar de las imágenes en la televisión, es increíble. ¿Cómo podría suceder aquí? ¿Cómo nos podría suceder a nosotros? La nación contemporánea más potente, el imperio actual más poderoso es vulnerable. Viendo las imágenes de las torres gemelas, símbolo de la más grande riqueza, del más grande poder de la Tierra en llamas, humeando, y al fin derrumbándose contra la perspectiva de monolitos que es Nueva York me hizo pensar, en medio del horror, en las caídas de Goliates en el llano. La Tierra se sacude con sus caídas; la muerte, el sufrimiento de tantos debido a sus caídas oprime el corazón. Estoy aturdido por el dolor.
Pero quiénes son los Davides no lo sabemos. Seguramente para mí no son héroes, ni para nadie que conozco; más bien villanos. Davides en tamaño solamente. Pero viendo en la televisión algunas imágenes de júbilo en partes de Palestina/Israel, me doy cuenta de que para algunos héroes han de ser — y también para algunos en otros lugares del mundo.
El Terrorismo es frase pavorosa; aun más horrible es su realidad. ¿Qué significa? El Diccionario Webster del Nuevo Mundo lo define sucintamente: 1) el uso del terror y la violencia para intimidar, para subyugar, etc., especialmente como política o arma política; y 2) intimidación y subyugación producida en esta manera. Terror.
Veo estas imágenes de albricias en la televisión y me pregunto que pudiera inducir tanto regocijo en tanta destrucción, tanta muerte, tanto sufrimiento. Terror. Terror como ese de hoy en Nueva York pero en escala más chica, terror de día a día a mano de soldados israelitas, y terror en venganza, y luego más terror en desquite — un cuento de nunca acabar.
El terror de día a día en Irak con niños enfermos y sin ninguna medicina con que curarlos, poca comida que darles. El terror de día a día en Nigeria y otras partes de África. El terror de día a día en tantas partes de América Latina, en Asia, en dondequiera. Una política, una arma política para subyugar.
Y ¿quién tiene más que aprovechar de esto? Me llegan cientos de imágenes, pero una cifra sencilla, terca chispea frente todas: nosotros en los Estados Unidos somos seis por ciento (6%) de la gente del mundo y sin embargo consumimos sesenta por ciento (60%) de lo que da la Tierra. (Y tenemos el porcentaje más alto de nuestra gente en prisión.) Estas son fórmulas de terror.
Y somos vulnerables. Y pienso — la única protección es la justicia. La única protección es ser tan justos, tan rectos que nadie nos desearía mal.
No, ni los dioses son tan justos, pero si sólo lo intentáramos. Si sólo intentáramos compartir la riqueza de la Tierra con todos nuestros hermanos, hermanas. Si sólo veneráramos a la Tierra y la protegiéramos para que siguiera sosteniéndonos. Si sólo nos respetáramos unos a los otros. Si sólo veneráramos la vida.
Quisiera creer que pudiéramos reaccionar a este horror en Nueva York y en Washington, D.C. con un compromiso a la justicia para el mundo. No simplemente la primitiva y cruda venganza y desquite que oigo reclamarse, sino la verdadera justicia que pusiera fin al terror, no solamente al terror tal como el de este día en Nueva York y en la capital, sino el terror de día a día del hambre, falta de medicina, falta de abrigo, falta de educación, falta de libertad y la violencia que todo esto trae. Terror.
Pero lo que veo no me da esperanza. Temo. Temo la institución del terrorismo, nuestra política de terror que tiene preso al mundo. Temo al hombre en el puesto de Presidente de los Estados Unidos que no fue elegido a su oficina, temo a sus socios, temo a la Suprema Corte que ha violado su cargo de intérprete imparcial de la ley del país. Temo a este Presidente que destruiría a la Tierra por ganancia monetaria, que insiste en un sistema nuclear de “defensa” demente para implementar una política de terror.
Temo por las gentes del mundo. Igualmente temo por nosotros los ciudadanos de estos Estados Unidos. Temo que la tragedia de hoy se usará para justificar la destrucción de cual libertad, cuales derechos civiles tenemos, de una democracia por la cual claramente el presidente de los Estado Unidos y su género ningún respeto tienen.
Temo a los Goliates y a los Davides que ellos engendran.
Pero aun así, más profundamente arraigado que mi temor es mi amor a la Tierra y a su gente y a toda nuestra parentela de lo que existe. Por eso confío que seguirá nuestro trabajo por la justicia y la paz en regocijo de la vida y que, a pesar de la oscuridad, triunfe.
Berkeley, 11 septiembre 2001








