jueves, 21 de julio de 2011

León

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--------------León

El león, ojos de carnalina,
colmillos, garras de sardónice,
lleva en el pecho corazón de rubí
que guarda el fuego fijo del valor.
-----Anhela devorar al sol
-----y mudarlo en oro
que surgiera por sus venas
como río caliente de luz.



----------------© Rafael Jesús González 2011



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Hart Crane (21 julio 1899 - 27 abril 1932)

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Santa Prisca, Taxco, Guerrero, México



-----------------Desde otra torre

----------------------------a Hart Crane


Llámale al amor el toque
si en el sueño paralizado
del ansioso infierno
un pájaro te hiriera.

-----(Yo también he oído
-----las campanas de Santa Prisca
esparcir prismas azules del deleite
en mis volcanes verdes -
-----voces como las oscuridades
-----dentro las enaguas de monjas —
sonidos de hierro que almidonan la mente
y decoloran daños oscuros.)

-----El destino se moldea así
-----para no dar razón
--------------------------o retorno
apresurar las palabras que no encuentran respuesta,
-----vagan —
----------------titubean —
------------------------------y vuelven.

Tal vez el mar pueda decir —
-----retumbar el gong en las cavas púrpuras,
----------perpetuar el toque
y doblar los badajos de las olas
para ahogar este glorioso infierno.



------------------------© Rafael Jesús González 2011




jueves, 14 de julio de 2011

luna llena: Sobre un frasquito de agua traída del Monte Shasta

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Sobre un frasquito de agua traída del Monte Shasta


Sobre el altar hogareño el agua del manantial sagrado imperceptiblemente se agita en su frasquito al sentir la llamada de la luna llena que asoma por la ventana iluminándola.

Es dócil el agua a pesar del jalar de la luna; ningún resentimiento tiene contra las paredes cristalinas del frasquito que la enjaula aunque aun guarde memorias de su viaje oscuro por las entrañas de la montaña sagrada, de su escape tumultuoso por el ojo sagrado que da principio al río que abastece la región. Sabe que es rezo, su pureza anhelo del ser humano que la contempla iluminada por la luz de la luna.

Primordiales son las ligas que unen la luna, el agua, el hombre que reza.



© Rafael Jesús González 2011





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martes, 12 de julio de 2011

Pablo Neruda (12 julio 1904 - 23 septiembre 1973)

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---------Luna para Neruda


Por la ventana la luna anida
en las ramas más altas de un pino
----como una gran garza
de plumaje tan blanco que duele.
Inmóvil por un momento, se antoja
una figura luminosa en forma de sirena
en la proa del galeón de la noche
que corta por la espuma de las estrellas
para echar ancla en una isla negra
donde el poeta se ahoga en sus libros
que le trae uno de sus esclavos
ya no sabe si Calibán o Ariel,
si para liberarlo del insomnio
o más hundirlo en los sueños.

La luna se desenmaraña
de las ramas del pino
y sigue su curso.




----------© Rafael Jesús González 2011


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miércoles, 6 de julio de 2011

Frida Kahlo (6 julio 1907 - 13 julio 1954)

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Conocí a Frida por primera vez en el verano de 1950, tenía yo quince años de edad y en un viaje a México mi padre nos llevó a la familia al museo
nacional de arte moderno. Allí conocí a Frida en doble, un lienzo grande (el más grande que creo jamás haya pintado) en que dos Fridas, una vestida de blanco en el estilo de fines del siglo XIX y la otra en traje tehuano, sentadas ante un cielo atormentado, se cogían de la mano, los corazones expuestos y sangrando, las miradas clavadas en la mía. Quedé absorto y fascinado. Mi madre tuvo que desprenderme jalándome de la mano.

Creo que entonces me enamoré de Magdalena Carmen Frida Kahlo Calderón. La buscaba por dondequiera; entonces sus cuadros no eran tan fáciles de encontrar como los de su esposo Diego. Cuando los encontraba, allí estaba ella, siempre mirándome con mirada fija y estoica aunque en muchos de ellos el dolor que ostentaba como una flor maligna o una joya venenosa era palpable — collares de espinas; corsés como instrumentos de tortura medievales; la espina vertebral expuesta, una columna quebrada; una que otra lágrima como adorno de perla, gotas de sangre como alhajas de rubí. Cada uno de estos pequeños cuadros era como una reliquia preciosa del sufrir o una golosina de dolor, retablos como mandas por algún milagro perverso, exvotos a un dios cruel. Lo que me asombraba eran los colores, la sensualidad, la belleza con que celebraban su dolor. Entre los cincuenta y tanto autorretratos que pintó, aun en los que no aparecen imágenes del dolor, jamás, de que yo sepa, se pintó sonriente.

Poco a poco me enteré de su historia — su rebeldía precoz, el polio que de niña le atacó, el accidente de tranvía atroz que de joven la dejó en pedazos, su amor obsesivo por Diego (aunque no tan obsesivo que le impidiera otros amores con hombre o mujer), su valor que prestaba fuerza a su empeño por la alegría (que a veces ha de haber fingido), su culto a la vanidad, su afán por prendas regionales, joyas arqueológicas tan pesadas que le han de haber costado llevar, su alarde de mestiza.

Ahora la encuentro por dondequiera, aun en las películas, y en los bailes de disfraz parece que se multiplica cada vez más; la encuentro en las salas, los comedores, las cocinas, las recámaras, los baños. A veces me causa celos, mi Frida promiscua, ubicua.



© Rafael Jesús González 2010



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