Llegamos a nuestro punto de encuentro
cada uno de nuestro respetivo reino
Caldea, Nubia, Tarso
con oro, incienso, mirra,
a una aldea de huertas y chozas,
humilde alojamientos.
Este primer día llegamos
lo que suponíamos, esperábamos,
de ver la bondad en los rostros de los demás.
Fueron animadas nuestras conversaciones
pero al atardecer salió la luna
tan preñada de luz que casi opacaba
el fulgor de la estrella que seguíamos.
Callamos, de un lejano viejo peral
el gorjeo de una perdiz.
© Rafael Jesús González 2023




































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