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Reflexiones en noche de luna llena
Esta noche de luna tan grande y brillante que casi opaca el fulgor del
lucero nos hospeda suntuosamente el rey. Tan brillante es la luz que mis
dos compañeros se han puesto a jugar ajedrez bajo los cielos. Cansado
observo sus movidas, sus dedos finos y fuertes tiernamente levantando y
poniendo cada figurita delicadamente labrada de hueso, sea torre o peón
contra el caballo o alfil del otro. No le entiendo al juego; creo que
tal vez se inventó para mentes más ágiles que la mía.
Pienso de nuestro viaje que duro ha sido. Mañana harán once días.
Pasamos por zonas de guerra y pueblos tan pobres que abundan los
bandidos. Siempre encontramos abrigo que por pobre que fuera rico era en
hospitalidad.
Esta noche ávido fue el rey por saber que nos traía de tan lejos y
después de contarle todo lo que sabíamos nos retiramos y mis amigos
empezaron el juego — manos finas moviendo exquisitas piezas de hueso —
reyes y damas, afiles, torres, caballos, peones intentos en la
conquista.
Me imagino que se perturba el rey por lo que le contamos. Pienso en el
viaje y de lo que vimos - reyes, reinas que con sus obispos, sumisos a
pesar de soberbios de sus castillos mandar a sus caballeros y peones a
la conquista. El juego no es limpio — el sufrir, la destrucción.
Terrible. ¿Qué mano fina mueve a estos reyes y damas, alfiles, torres,
caballos, peones a la conquista y la guerra?
Pienso en el viaje que ya se arrima a su meta; nos lo indica la luz.
Esta criatura que buscamos ¿cómo gobernará? Su política ¿qué será?
Pienso que tal vez en lugar del incienso más bien le hubiera traído un
bello juego de ajedrez.
© Rafael Jesús González 2015
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