martes, 31 de mayo de 2016

Para compartir un momento: Bernie Sanders en Oakland

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Para compartir un momento: ayer Día de la Conmemoración, asistí a un evento en la Allen Temple Iglesia Bautista en Oakland donde Bernie Sanders habló.

Llevé conmigo un sobre dirigido a Bernie con un distintivo, placa, insignia de sanador(a) Tierra-Justicia-Paz Universal
con una nota leyendo:
"Xochipilli Círculo de Hombres Latino de la Bahía de San Francisco presenta a Bernie Sanders con la insignia de sanador Tierra-Justicia-Paz en reconocimiento de su compromiso a la Tierra, Justicia, Paz, Democracia, el 30 de mayo 2016."

Con la ayuda de mi amigo Aarón Ableman, lo pude poner en manos de una de las organizadoras del evento para que se lo entregara a Bernie y allí lo deje. 

A mi gran sorpresa, al final del programa la mujer que dirigía el evento leyó la nota y le presentó a Bernie la placa. Y luego leyó muy bellamente, a gran aplauso, un poema que le había yo escrito a Bernie hace tiempo.


----------------------Augurio

---------------------------a Bernie Sanders


No es cosa chica
cuando hablando ante miles
ser visitado por un pinzón
en el podio.
La confianza de criatura tan pequeña
fácilmente espantada por el más leve gesto
seguramente debe contar por algo grande.



----------------© Rafael Jesús González 2016



Al salir, alguien le señaló que yo era el autor del poema y Bernie se detuvo a darme las gracias, tuvimos un breve entre cambio, y me abrazó antes de salir. Ruego que haya sido un abrazo del siguiente presidente de los Estados Unidos.
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Comparto con ustedes este enlace delevento. Mucho, mucho vale la pena de escucharlo en su totalidad. Pero si no dispone del tiempo en este momento puede saltarse a 1:02:5 y escucharlo hasta al fin.

Para ustedes que viven en California, por favor voten, por quien su conciencia y corazón dicten, hoy y seguramente el martes 7 de junio. El mundo depende en ello.



https://www.youtube.com/watch?v=y7JGhvpMig8

lunes, 30 de mayo de 2016

Día de la Conmemoración EE. UU.






En celebrar el Día de Conmemoración reflexionemos sobre el hecho de que los Estados Unidos está y ha estado en estados constante de guerra desde su principio. Guerra, la causa principal del derroche de la Tierra (criando cambio climático), derrochando vidas (vidas estadounidenses y aun más vidas en los países que invadimos o en que “intervenimos”), derrochando recursos que ni la Tierra ni nosotros podemos permitir.

Invadimos a otros países sin provocación y en algún perverso “doble-hablar”, le llamamos “defensa.” Mandamos soldados a matar y ser matados y decimos que lo hacen “para defender del país,” “para proteger nuestros intereses” aunque la verdad es que los únicos intereses que los militares protegen son los intereses del 1% que poseen el gobierno y somos nosotros quienes pagamos por sus guerras.

El país tiene larga historia de ser gobernado por belicistas (de verdad es difícil nombrar los que no lo han sido.) Para acabarla de moler a algunos de estos se les ha dado (sin merecerlo) Premios Nobel de la Paz.

Hay un silencio público ensordecedor sobre el asunto. En la campaña presidencial intensa la guerra no ha sido discutida — silencio aun cuando estamos en proceso de una nueva guerra mundial.

Celebrando el Día de la Conmemoración recordamos a los caídos en el campo de batalla — y también las razones necias y/o villanas por las guerras en que cayeron. Lamentando aquellos que mueren en guerras perpetuas, ambos combatientes y civiles, comparto con ustedes algunos pensamientos de mi cuaderno de notas del verano hace diez años cuando estuve en Washington D.C. y visité el monumento a la guerra en Vietnam. Otra vez más nos encontramos como nación en guerras continuas que hacen derroche de la Tierra y de vidas y de recursos. Si verdaderamente honráramos a nuestros muertos en guerra, si verdaderamente los amáramos y amáramos a la Tierra y a la justicia y la paz, encontraríamos un modo de ponerle fin a la guerra.



Reflexiones sobre el Muro


El primer día en Washington D.C., en el calor de agosto, justo del Museo del Indio Americano, llevo mi camiseta con la imagen del apache Jerónimo y sus compañeros armados que lee, “Homeland Security, Luchando contra el Terrorismo desde 1492.” Camino por la alameda, el Mall, rodeo el obelisco del monumento a Washington, sigo la alberca, paso el templo griego de mármol blanco del monumento a Lincoln, al Muro de Vietnam — peregrinaje al monumento a “mi guerra,” mía no porque luché en ella, sino porque luché en oposición de ella — corazón, mente y alma.

Mi intención, un tipo de penitencia, como decir el rosario, es empezar de una punta a la otra y leer cada uno y todos los 58, 245 nombres, imaginándome un rostro, una edad, una historia, una vida. Sé que será difícil, pero no lo creo imposible (ni siquiera se alude ni a uno de los cinco millones de nombres de los vietnamitas muertos.) Empiezo con un nombre, John H. Anderson Jr. (PFC, 19 años de edad, muerto el 25 de mayo 1968, más tarde busco en la lista), luego varios, aumentando exponentemente. Se me hace más y más difícil enfocarme, las caras, las figuras de familias, amantes, turistas reflejados moviéndose contra el espejo del Muro de granito negro es una distracción, su parloteo, a veces su risa, una intrusión en mis meditaciones. A grado que el Muro se hace más largo, se eleva más y más alto hacia el centro, los nombres se amontonan uno sobre el otro, se amontonan alto y apretado, a veces difíciles de distinguir, no sé si por la cantidad, la altura, el relumbre del sol o las lágrimas que me llenan los ojos. Los nombres, las letras se borran, se corren una contra la otra.

Empiezo a pasar los nombres por en cima, dejar mi atención caer sobre un nombre u otro, un Smith, un Cohen, un Bankowski, un O’Mally, un Chan, indudablemente un González aquí y allá — toda cultura Europea y muchas otras representadas por un nombre. ¿Cómo llegaron a estar allí, que historia de necesidad, que mito o sueño suyo, o de algún antepasado reciente o lejano, los trajeron a ser “americano” y morir en una guerra sin sentido o razón?

Después de algún tiempo mi lectura se hace superficial, paro de vez en cuando, me arrodillo a levantar y leer una carta, una nota de testimonio — de amor, de recuerdo — depositada al pie del Muro por algún sobreviviente, esposa, novia, madre, padre, hijo, sobrino, sobrina, amigo. Una bandera aquí y allá, una flor (la mayoría artificiales, unas cuantas en botellas de refresco, marchitándose en el bochorno.)

La mente se me entume gradualmente, a veces casi halucinante, se desvía — imagina ver allí el nombre de un cobarde adinerado con conexiones políticas poderosas que ahora habita una casa blanca no lejos de aquí.

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Dicen que los muertos viven mientras sean recordados. ¿Cuántos de los nombres aquí grabados son aun recordados? Algunas personas, poniendo trozos de papel contra la piedra negra hacen borradores. La mayoría se apresuran, los muchachos impacientes a llegar al final, los nombres cincelados allí no lo suficiente interesantes para captarles la atención. Los nombres.

El año pasado, Xochipilli, mi grupo de hombres dedicado a la ceremonia, en colaboración con el ‘Proyecto Rostros de la Guerra’, montó una ofrenda a las víctimas de la guerra para la Celebración Comunitaria del Día de Muertos en el Museo de California en Oakland. La ofrenda se puso contra las paredes cubiertas de las fotografías y nombres de los soldados estadounidenses muertos en Irak, los nombres, sin fotografías, de muertos Iraki. Los nombres, aun frescos, vivientes en la memoria reciente. Otra guerra, tan insensata, tan irredimible como la de Vietnam. Estoy cansado, la cara húmeda de sudor y llanto que no me preocupo de limpiar. Me miran los turistas, respetuosamente guardan la distancia, alejan la mirada. Sienten que esta, la de Vietnam, es mi guerra; no sé si mi camiseta les sugiera por que.

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Llego al otro extremo del Muro, Jessie Charles Alba (Sgt., 20 años de edad, muerto el 25 de mayo 1968, a mediados de la guerra.)

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Retrazando mis pasos a lo largo de la alberca, me siento obligado a subir los escalones del monumento a Lincoln desde los cuales Marian Anderson una vez cantó, desde los cuales Martin Luther King, Jr. habló de su sueño. Paro ante la figura colosal de Lincoln entronizado y leo sus palabras cinceladas en el mármol blanco a su derecha: “. . . un gobierno del pueblo, para el pueblo, del pueblo . . .” Esperanza pía devotamente anhelada.
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Washington D.C.; 15 de agosto 2006

© Rafael Jesús González 2016


.Memorial Day en Arlington National Cemetery 

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sábado, 21 de mayo de 2016

luna llena — Géminis

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Pensando en el mito maya en noche de luna llena 


Por la vida los gemelos juegan 
contra los señores del inframundo 
su pelota brillante la luna. 


© Rafael Jesús González 2016


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------------Géminis

Los gemelos,
él con collar de esmeraldas,
ella con collar de perlas,
arrullan en sus brazos
------al aire inconstante
y en sus manos llevan
puños de azogue inquieto.
Miden la dualidad
y en su intelecto brillan
las luces lejanas de Mercurio.





---------© Rafael Jesús González 2016






domingo, 15 de mayo de 2016

Pentecostés

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------Rezo a espíritu 


Que espíritu brote 
lenguas de llama 
que alumbren el entender,
enciendan el corazón a amar 
y nos den palabras 
para clamar por justicia 
arraigada en la compasión. 




--------------------© Rafael Jesús González





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domingo, 1 de mayo de 2016

1º de mayo — Día Internacional del Obrer@


Día internacional del(la) trabajador(a)
sin quien nada de lo que tenemos hubiera.


 


“El capitalismo es la creencia asombrosa
que los motivos más repugnantes 
de los hombres más indecentes
de algún modo u otro obran para obtener 
los mejores resultados
en el mejor de todos los mundos posibles.”



----------------------------------------—  atribuido a John Maynard Keynes

------------------------------------------------------ -----  ---Economista (1883 – 1946)
 





“Podemos tener en este país o democracia
o grande riqueza concentrada en manos de pocos
pero no ambos.” 



-------------------------------------------------------Louis Brandeis

---------------------------------------------Juez de la Corte Suprema EE.UU. (1916 a 1939)



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