martes, 4 de noviembre de 2008

elección del Senador Barack Obama, Presidente de los EE. UU.

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Esta noche el senador Barack Obama fue elegido el cuarenta-cuarto presidente de los Estados Unidos de América. A menudo he dicho que estas elecciones eran el momento de la verdad para los Estados Unidos. Diré con orgullo que nos hemos enfrentado a ese momento y lo hemos hecho honorablemente y nos hemos encontrado capaces.

Esta es la única elección presidencial en la cual jamás he llorado. Nuestra nación, emperio que es, que siempre ha sido, se ha mostrado capaz de cambiar, de hacerse más justa, de superar su legado penoso de racismo lo suficiente como para elegir a un hombre de descendencia Africana innegable a la oficina más alta de la nación. Que he vivido para verlo me ocasiona más regocijo, más esperanza que de lo que pueda expresar.

En tanto al Senador Obama el hombre, de sus muchas virtudes no hablaré mas solamente para decir que me llena de alegría el corazón que él sea capaz de sonreír; en ocho largos años uno se puede hartar de la mueca complacida. En su discurso de elección tuvo la gracia de ubicar su elección dentro el marco histórico y tomó el momento, no para exaltarse a si mismo, sino para poner la responsabilidad por el bienestar de la nación en nuestras propias manos, nuestras de los ciudadanos, donde, en una democracia, verdaderamente debe estar.

La elección del senador Obama como presidente de la nación es, más que victoria, un reto y una oportunidad para nosotros como pueblo para verdaderamente empezar a hace de nuestro país la democracia a la cual hemos pretendido por hace tanto. La tarea será difícil y larga pero la esperanza y la fe se han renovado y el cambio para lo bueno es posible, no, imprescindible. Sí se puede. Si lo deseamos.


Rafael Jesús González
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