Luna para Obama
“— la Casa Blanca de poemas futuros,” escribió el buen poeta pardo, “y de sueños y dramas, allí en la suave y copiosa luna —.” Y cantó de las vistas de la Democracia en estos Estados Unidos y tal vez soñó (no dijo) que algún día esta casa que elogiaba, construida en gran parte por esclavos de África, sería hogar para un hombre y su familia de descendencia africana mucho, mucho más reciente que la nuestra de la gran parte de nosotros.
Por un mal y largo tiempo la visión que el poeta cantaba se volvió pesadilla, un cuento espantoso de las noches árabes, el cantor, amante de Lincoln, a riesgo de perder la cabeza al fin de la narrativa, la Casa Blanca cercada y barreada, la Democracia sino una farsa, un mote vacío, una contraseña a la celda de prisión, o peor, a la sala de tortura, la Constitución hecha garras y nuestras libertades violadas.
Esta noche la luna suave y copiosa promete que estos muros del poder pálidos y lívidos al fin tengan algo de color y que la democracia no está ya muerta, que nuestra sangre aun fluye roja y rica con regocijo y esperanza de cambio, el amor por la libertad y el deseo por la justicia fuertes en nuestra buena voluntad.
La luna está en mire, tal como el mundo, de un cambio de cosas, que el rayo de luz encienda en día pleno, no un paraíso inmediato, sino una Tierra sanada, una humanidad más libre, más justa, más apacible, más compasiva, de más esperanza, y de más alegría.
El mundo espera y también madrina luna, suave y copiosa.

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