
Día del Veterano
Cuando la Primera Guerra Mundial oficialmente acabó el 28 de junio 1919, la lucha actual ya había cesado en la oncena hora del onceno día del onceno mes del año anterior. Día del Armisticio, como fue conocida, más tarde se hizo fiesta nacional, y en 1954 (el año en que me gradué de la secundaria), el nombre se le cambió a Día del Veterano para honrar a todo veterano estadounidense de todas las guerras.
El único veterano de esa guerra, “la guerra para acabar con toda guerra,” que jamás conocí era el padrastro de mi padre, Benjamín Armijo, de Nuevo México, un hombre anciano que raras veces hablaba y a quien en ocasión veía llevar la gorra de La legión Americana. (Era también republicano.)
“La guerra para acabar con toda guerra” fue todo menos eso y cuando yo tenía no mucho más de cinco, tres de mis tíos maternos (Roberto, Armando, Enrique) salieron a pelear en otra guerra, la Segunda Guerra Mundial.Echaba de menos a mis tíos y los recordaba por sus fotos en el altar hogareño de mi abuela, muy guapos en sus uniformes; en los rosarios y letanías sin fin que las mujeres de la familia a menudo se juntaban a rezar; y en las tres estrellas azules que colgaban en la ventana.
Mi tío Roberto, tío Beto, no duró su segundo año; regresó a casa y se mencionaban las úlceras y los nervios. Mi tío Armado, tío Pana, en la División de infantería o la División de caballería (aunque ni un solo caballo jamás fue montado en ninguna batalla de esa guerra) sirvió en el Teatro del Pacífico y el nombre de Guadalcanal de algún modo se pega a su historía. Mi tío Enrique, tío Kiki, el menor, en la División Aérea, “las águilas chillantes,” sirvió en el Teatro Europeo y se lanzó en paracaídas en la toma de Alemania.
Después de que acabó esa guerra regresaron a casa, tío Pana a un hospital enfermo de malaria que le afectó por el resto de la vida; tío Kiki con dolencia del alma no tan fácil de diagnosticar ocultada en su humor suave, modos amables. Todos mis tíos fueron hombres gentiles en todo sentido de la palabra. Y Beto, Pana, Kiki no hablaban nada acerca sus experiencias de la guerra a pesar de mi curiosidad y preguntas que distraían con una pequeña broma o cambio de tema. Lo que habían visto, sentido aparentemente no era para decirse y la familia lo percibía y respetaba su reticencia. Ninguno de ellos se juntó a los Veteranos de Guerras Extranjeras de que yo sepa.
La Guerra Coreana reventó, como dicen, como si fuera el acne, no mucho después. En cuanto a mí, yo nunca he peleado en ninguna guerra aunque me ingresé a la Marina estadounidense graduando de la Escuela secundaria de El Paso para hacerme enfermero y conseguir la beca militar con que empezar mis estudios de medicina cuando acabara mi servicio; dos de los cuatro años en la marina los pasé en la Infantería de marina con el rango de Sargento del personal. La Guerra Coreana ya había acabado. Y aunque serví lo suficientemente aproximado a ella para ser otorgado la Medalla de defensa de Corea y soy legalmente veterano y elegible a juntarme a los VFW [Veteranos de Guerras Extranjeras] nunca lo hice y jamás lo intentaré.
Si me consideraría veterano de ninguna guerra sería de la Guerra de Vietnam, no porque haya peleado en ella sino porque luché en contra de ella. (Aconsejé a objetores de conciencia, puse piquetes a oficinas de recluta, marché en las calles.) Los veteranos de guerra a quien he conocido más íntimamente son los de esa guerra, muchos de ellos, si no la mayor parte, heridos y enfermos de cuerpo (de balas, de metralla, de productos químicos), heridos y enfermos del alma (terror, culpa, vergüenza, odio pudriéndoles los sueños, envenenándoles los cariños.)
Soy sospechoso de que se me pida que honre a veteranos de casi cualquier guerra, excepto como honro el sufrir, el ser de todo hombre o mujer que jamás ha vivido. Estoy harto del “patriotismo” detrás del cual tantos canallas se esconden. Estoy harto de la guerra que ha manchado casi todos los años de mi vida. Especialmente ahora en medio de una guerra más sin justificación, inmoral, ilegal, insoportable, cínica, cruel que la nación hace en Irak, en Afganistán. Soy impaciente de los bobos que me preguntan si no “apoyo a nuestras tropas.”
¿Qué significa “apoyar a nuestras tropas”? ¿Qué cosa es una tropa sino un rebaño, una manada, una banda? ¿Qué es una tropa sino un grupo de actores cuyo deber no es razonar el porque sino cumplir y morir? En los años que serví en la marina y en la infantería de marina como enfermero, nunca cuidé de una tropa; cuidé de hombres heridos y dañados, que se habían herido y sangraban, que sufrían ampollas terribles en los pies debidas a largas marchas, que enfermaban con fiebres altas. Si apoyar significa llevar el peso, impedir caer, resbalar o hundir, dar valor, fe, auxilio, consuelo, fuerza, abastecer, cargar, tolerar, sí, lo hice y apoyo a todos hombres y mujeres tan infelices como para ir a la guerra.
A las tropas, no. Si apoyar significa aprobar, estar en favor, suscribirse, sancionar, entonces no. La decisión de hacer la guerra no es de ellos para hacer; las tropas son lo que esos que hacen las decisiones de guerra usan (para matar y ser matados, para ser brutalizados en torturadores) para sus propios fines, no por los intereses de los hombres y mujeres que constituyen las “tropas.”
Honro a los veteranos de la guerra solamente del modo en que sé honrar: con compasión; con respeto; con comprensión de cómo fueron/son usados, engañados, indoctrinados, obligados, desperdiciados, dañados, abandonados; con tolerancia de sus creencias y justificaciones; con esfuerzo para que sus heridas, de cuerpo y alma, se traten y se sanen, su sufrir y sacrificio se recompensen. Nunca me niego a las peticiones por donación a las organizaciones de veteranos que buscan beneficios y servicios para los veteranos. Honro a los veteranos, hombres y mujeres; no a bandas ni a tropas.
Si buscas a mi ventana este día, la bandera que encontrarás allí colgando será la bandera arco iris de la paz. Allí cuelga en honor de todo veterano de cualquier guerra en cualquier época o lugar. Dentro, encenderé una vela y quemaré artemisa y me dedicaré de nuevo a luchar por la justicia y la paz. Tal es el único modo en que sé honrar a los veteranos, militares o civiles, de la guerra.
Berkeley, November 11, 2007
© Rafael Jesús González 2009























