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----------El caballero de la cara triste
------------------¡Y Dios no te dé paz y sí gloria!
-------------------------------------------- Miguel de Unamuno
Tratándose del canto
-----en un llano de arbustos silvestres
infestado de las ramillas girantes
----------de molinos rompe cielos,
una figura consintiendo la edad
-----y una mente cavernosa
alanzó al sol embarrando su lanza de luz.
-----(y una estrella mugrosa
----------encendió un cigarrillo lucero
-----para guiar a un guerrero
----------a su lavadura.)
-----Si sucediera una estrella,
-----naciera un canto
-----en algún año decisivo
prometiendo pan y pescados
de que uno no fuera seguro se multiplicaran
¿pagaría la gloria incierta de una aguda herida
el precio de derramar la paz
en una red de empeño enmarañada?
El alto atrever camina en patas flacas
y demasiadas veces la causa de muerte
--------son las estrellas.
----------© Rafael Jesús González 2009
martes, 29 de septiembre de 2009
miércoles, 23 de septiembre de 2009
Tashlikh

---------------Tashlikh
Estos son los días de temor —
tiempo del inventario
-----y un nuevo comienzo
cuando la cosecha de lo que sembramos
-----entra.
(¿Qué hemos sembrado
------de discordia y terror?
¿Dónde hemos fallado
-------en la justicia?)
Las balanzas se inclinan y columpian;
hay tanto de que deshacerse,
tanto por lo cual expiar.
Cuando estaban en pie nuestros templos
cargábamos una cabra
-----con nuestros pecados
----------y la echábamos al desierto.
Ahora tenemos que buscar en los bolsillos
las migas de nuestras faltas,
nuestros pecados para echarlos a los ríos.
Están sobre nosotros los días
-----para hacer inventario del corazón.
----------Es tiempo de sacudir
las imagines de nuestros dioses domésticos,
------nuestros térafim,
---------------------------nuestros lares.
----------------© Rafael Jesús González 2009

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martes, 22 de septiembre de 2009
Equinoccio otoñal y Libra
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--------------------Libra
Alumbran a la balanza del día y la noche,
el zafiro temprano del amanecer
y el ópalo tardío del atardecer.
Se alza en obelisco de jade, de nefrita
al punto cardinal del aire,
el apoyo del viento,
----y en cada platillo de cobre
se miden el arte y las consecuencias
---(el amor pesa en la ijada
----de la indecisión,
----en los lomos del deseo.)
La alzaprima del otoño
sostiene sobre el caos,
trémulos y vacilantes
----el sentir, el pensar —
-----------amor, belleza, verdad —
sueños, siempre sueños, justos sueños.
----------------© Rafael Jesús González 2009
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---------------------Libra
Alumbran a la balanza del día y la noche,
el zafiro temprano del amanecer
y el ópalo tardío del atardecer.
Se alza en obelisco de jade, de nefrita
al punto cardinal del aire,
el apoyo del viento,
----y en cada platillo de cobre
se miden el arte y las consecuencias
---(el amor pesa en la ijada
----de la indecisión,
----en los lomos del deseo.)
La alzaprima del otoño
sostiene sobre el caos,
trémulos y vacilantes
----el sentir, el pensar —
-----------amor, belleza, verdad —
sueños, siempre sueños, justos sueños.
----------------© Rafael Jesús González 2009
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viernes, 4 de septiembre de 2009
Luna plena: Luna para Galileo
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Cuando en Padua, hace cuatrocientos años, Galileo di Vincenzo Bonaiuti de' Galilei alzó su tubo de cobre con puntas de vidrio pulido hacia los cielos y lo fijó en la luna, encontró a Aristóteles equivocado. La luna no era una esfera perfectamente lisa, como las maravillosas bolas de cuarzo, ágata, lapislázuli, malaquita, labradas en los famosos talleres lapidarios de Florencia, puestos sobre su escritorio sino cacariza y gastada como la Tierra. Fue un día decisivo cuando Galileo alzó su catalejo hacia la luna, un primer paso en arrastrarla más cerca a nosotros o estirarnos hacia a ella con enfoque e intento. Desplazó a la Tierra como centro del universo, vio la Vía láctea como congerie de estrellas más allá de la cuenta, las fases de Venus y que Júpiter gozaba sus propias lunas.
Tres-cientos-cincuenta años después, el hombre colocaría un objeto en la luna y en diez años más violaría su suelo pisándolo por primera vez, dejando allí el único color que jamás había tenido, no el signo de las seis bolas rojas en fondo dorado sino el rojo y azul de las listas y estrellas. Veinte años más y una nave espacial llamada “Galileo” rodearía a Júpiter en compañía de sus sesenta y tres lunas.
Afortunado Júpiter por tener tantas lunas, pero para mí, nuestra única luna basta, cazadora de los cielos, ya no virgen, vieja y cacariza mas aun bella más allá del cantar, mirándome por la ventana consolando y bendiciendo con su luz reflejada.
Paz, Galileo, que al fin ya ciego perdiste tu luna; fue una gran carga que nos quitaste. ¿Temería el Papa, adivinarías tú que tu herejía un día nos colocaría a las orillas más lejanas de la Vía láctea donde pertenecemos, rodeando una estrella menor, guardados por una sola luna que nos alcanzaste por bien o por mal? Pace, Galileo Galilei, ahijado de la luna.
Luna para Galileo
Cuando en Padua, hace cuatrocientos años, Galileo di Vincenzo Bonaiuti de' Galilei alzó su tubo de cobre con puntas de vidrio pulido hacia los cielos y lo fijó en la luna, encontró a Aristóteles equivocado. La luna no era una esfera perfectamente lisa, como las maravillosas bolas de cuarzo, ágata, lapislázuli, malaquita, labradas en los famosos talleres lapidarios de Florencia, puestos sobre su escritorio sino cacariza y gastada como la Tierra. Fue un día decisivo cuando Galileo alzó su catalejo hacia la luna, un primer paso en arrastrarla más cerca a nosotros o estirarnos hacia a ella con enfoque e intento. Desplazó a la Tierra como centro del universo, vio la Vía láctea como congerie de estrellas más allá de la cuenta, las fases de Venus y que Júpiter gozaba sus propias lunas.Tres-cientos-cincuenta años después, el hombre colocaría un objeto en la luna y en diez años más violaría su suelo pisándolo por primera vez, dejando allí el único color que jamás había tenido, no el signo de las seis bolas rojas en fondo dorado sino el rojo y azul de las listas y estrellas. Veinte años más y una nave espacial llamada “Galileo” rodearía a Júpiter en compañía de sus sesenta y tres lunas.
Afortunado Júpiter por tener tantas lunas, pero para mí, nuestra única luna basta, cazadora de los cielos, ya no virgen, vieja y cacariza mas aun bella más allá del cantar, mirándome por la ventana consolando y bendiciendo con su luz reflejada.
Paz, Galileo, que al fin ya ciego perdiste tu luna; fue una gran carga que nos quitaste. ¿Temería el Papa, adivinarías tú que tu herejía un día nos colocaría a las orillas más lejanas de la Vía láctea donde pertenecemos, rodeando una estrella menor, guardados por una sola luna que nos alcanzaste por bien o por mal? Pace, Galileo Galilei, ahijado de la luna.
© Rafael Jesús González 2009
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