viernes, 1 de noviembre de 2019

Fiesta de todos los santos — Día de muertos en México a través de los siglos

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El México Pre-hispano

 Asombrados por el ciclo eterno de la vida y la muerte y la necesidad del sacrificio para asegurar la continuación de la vida, el pueblo del México antiguo, en particular los Nahuas de los cuales los Mexica (generalmente llamados Aztecas) formaban parte, celebraban a los muertos en una gran fiesta muy distinta a la que hoy conocemos. Empezaba el 8 de agosto del calendario europeo y la llamaban Micailhuitontli, pequeña fiesta de los muertos, para hacerles honor a sus niños difuntos. Esa mañana, la gente salía al bosque y cortaba un árbol alto y derecho que luego llevaban a las puertas de la ciudad. Allí, por veinte días, bendecían el árbol y lo despojaban de su corteza.

Durante esos veinte días, había rituales, sacrificios, festejos, bailes, y montaban ofrendas a los difuntos de flores de cempoalxóchitl, fuego, copal, comida y bebida. El día 28 de agosto, que llamaban Huey Micaílhuitl (Gran Fiesta de los Muertos) en honor de sus difuntos adultos, elaboraban la figura de un gran pájaro posado en ramas floridas confeccionada con masa de semilla de amarinto, la pintaban vivamente y la adornaban con plumas de vivos colores. Colocaban el pájaro en la punta del tronco, lo alzaban en el patio del Templo Mayor, y lo honraban con más ofrendas, canto, copal, danzas, sacrificios, y el derrame de sangre.

Una hora antes de la puesta del sol, los jóvenes de la nobleza escalaban el palo para bajar la figura del pájaro. Los que llegaban a la punta primero y bajaban la figura eran muy celebrados. Despedazaban la figura y la distribuían entre la gente para comerla; le llamaban “carne del dios.” Entonces desbarataban el palo, y todos intentaban llevarse un pedazo a casa porque era sacro.

El palo y su pájaro-dios sobre ramas floridas han de haber representado el mítico Arbol de la Vida que crecía en el paraíso terrestre de Tamoanchan. La sangre del sacrificio nutría al Arbol de la Vida, tal como Quetzalcóatl, Serpiente Emplumada, Dios de la Vida, derramó su sangre para crear la humanidad. El ritual del palo y la carne del dios honraba lo inseparable de la vida y la muerte; vivimos y morimos, y nuestra muerte es el precio de vivir.

Compuesta de regocijo y de pena, la vida es breve e incierta, su fin una pregunta que inquieta al corazón. Los poetas Nahuas compusieron muchos poemas sobre esta triste verdad; el más famoso entre ellos fue Nezahualcóyotl, Rey de Texcoco, quien dijo:

-------------------¿Es verdad que se vive en la tierra?
-------------------¿Tal vez por siempre en la tierra?
-------------------¡Sólo un breve instante aquí!

-------------------Hasta las piedras preciosas
----------------------se desmoronan,
-------------------hasta el oro se deshace,
-------------------hasta las plumas preciosas se rompen.
-------------------¿Tal vez por siempre en la tierra?
-------------------¡Sólo un breve instante aquí!


Los pueblos del México antiguo crearon maravillosas piezas de arte sacro en las que unían la vida y la muerte. Tal vez la de mayor importancia es la gran Coatlicue (actualmente en el Museo Nacional de Antropología en la Ciudad de México) que a la vez es aterrorizadora y dadora de la vida, diosa de la vida y la muerte, Tierra-Madre de los dioses, de la humanidad: madre de todo. Labraban estatuas con Quetzalcóatl, Dios de la Vida, de un lado, y del otro, Mictlantecuhtli, Dios de la Muerte. Pintaban imágenes de los dioses de la vida y de la muerte indivisiblemente unidos tales como están representados en el Códice Borgia, uno de los muy pocos de sus maravillosos libros que quedan.



Cuando alguien moría, se le ponía en la boca un pedacito de piedra verde que tomaba el lugar del corazón. Se creía que la mayoría de los difuntos iban a una región de sombras grises llamada Mictlán (Lugar de los Muertos) guiados por un perrito que les llevaba por nueve niveles de aflicción. Solamente los guerreros muertos en batalla, las víctimas del sacrificio o las mujeres que habían muerto en el parto, iban al Reino del Sol. Los suicidas y los que habían muerto ahogados o caídos por un rayo, o que habían muerto por alguna enfermedad relacionada con el agua, iban al paraíso de Tláloc, Dios de la Lluvia. Los niños que morían de poca edad iban al reino de Ometéotl, Señor/Señora de la Dualidad, a un lugar llamado Chichihualcuauhco donde los amamantaba un árbol.

México bajo España

Estas eran las creencias y las costumbres del pueblo indígena cuando los españoles conquistaron Tenochtitlan y el imperio Mexica en 1521. Junto con el caballo, el cañon y la enfermedad, los europeos trajeron una nueva religión, el cristianismo. Les llamaron indios a la gente indígena y los forzaron a convertirse.

Algunas de las creencias cristianas eran parecidas a las creencias antiguas: el Sol había exigido corazones sangrantes arrancados de los sacrificados a cambio de la vida; Dios Padre requería el sacrificio sangriento de su único Hijo a cambio de la salvación. Coatlicue había concebido al dios Huitzilopochtli sin coito con hombre; la Virgen María también había concebido a Jesús milagrosamente. Los indios comían la “carne del dios” en un pedazo de masa de amarinto; los cristianos comían la carne de Cristo en un pedazo de pan sin levadura. Los indios hacían penitencia, los cristianos también.


Pero otras creencias cristianas eran enteramente nuevas para los nativos, una de ellas la noción de un lugar a donde iban los muertos ya fuera como recompensa o castigo, según su comportamiento en vida: un paraíso feliz con ángeles, santos y dioses (tal como concebían la Trinidad) o un doloroso infierno lleno de demonios y malhechores. La nueva Madre de Dios no era terrible como Coatlicue, sino dulce y modesta, de pie sobre la luna de obsidiana negra, frente al sol y vestida con el manto estrellado de la noche. Tonantzin, Madre de Todos Nosotros, ahora se llamaba Nuestra Señora de Guadalupe, nombre árabe de la España mora.

A pesar de su conversión, los nativos conservaban, como podían, sus antiguas costumbres, adaptándolas a las exigencias de la nueva religión, trasfiriendo las viejas celebraciones a los días festivos del calendario cristiano. Forzados a cambiar los ritos de su culto a los muertos, sólo lograron conservar lo esencial que era la ofrenda (el altar con ofertas a los difuntos). Seguían cultivando (y aún hoy en día cultivan) el cempoalxóchitl amarillo, el cempoal popularmente conocido como flor de muerto que usaban especialmente para honrar a los difuntos. Transfirieron las dos fiestas de los muertos a las fiestas cristianas, la de Todos los Santos y la de Los Fieles Difuntos (mucho antes, entre los siglos VIII y XI, la misma iglesia cristiana había fijado las fiestas de Todos los Santos y de Los Fieles Difuntos en el primer y el segundo día de noviembre, así convirtiendo la antigua fiesta celta de la cosecha y de los muertos, Samhain [sau-hin], en fiesta cristiana).




La fusión de dos culturasEn el arte español, las imágenes de la muerte semejaban a las que los nativos conocían, tanto en los Cristos y santos martirizados como en las imágenes de calaveras del memento mori (acuérdate de que eres mortal) de la tradición medieval de la Danza de la Muerte. Los conquistados fundieron sus antiguos símbolos con los de los conquistadores. La cruz indígena de los cuatro puntos cardinales se volvió en la cruz cristiana. El Arbol de la vida llegó a aludir también al Jardín de Edén y eventualmente dio origen a los bellos "árboles de la vida" de barro que hoy conocemos. Las ofrendas de masa de amarinto fueron reemplazadas por el popular pan de muerto de trigo.

Un gran cambio durante la época colonial fue que el humor y el capricho entonces empezaron a asociarse con las fiestas de Día de Muertos, elementos que hacen singularmente mexicana esta fiesta. Los españoles quizás trajeron estos elementos de la tradición medieval de la Fiesta de Locos o Bobos (asociada con carnaval, carne vale, despedida a la carne) en la cual todo es igual y está sujeto a la crítica, burla y frivolidad. “Todos somos iguales ante la muerte y nada es salvo de la burla,” nos dice esa tradición. Y el humor se hizo parte del Día de Muertos que hoy conocemos.
A fines de la época virreinal, se empezó a elaborar calaveras de azúcar vivamente decoradas con nombres deletreados en azúcar de colores y éstas se intercambiaban como muestras de afecto entre familiares y amigos. Las colocaron en los altares del Día de Muertos, junto con la imágen de la Virgen de Guadalupe, las flores, el agua y pan, la comida y bebida, las velas y el copal exigidos por las antiguas costumbres. También se elaboraron pequeños muñecos en forma de esqueletos hechos de barro y papel maché, los cuales hacían burla de la gente y de todo tipo de actividad humana. Hicieron del jugueteo parte de la tradición y le robaron a la muerte un poco de su punzada.



Otro elemento que los españoles trajeron fue el pasquín (versos burlones garabateados en las paredes y a los que la gente que pasaba añadía sus propias lineas y comentarios). Entre 1535 y 1539 la primera prensa de América fue establecida en la Ciudad de México y en poco tiempo se veían pasquines impresos sobre volantes, pegados en los muros de los edificios públicos. Con el tiempo, estos dieron origen a los versos chistosos llamados calaveras (o cabezas huecas), a menudo ilustradas con caricaturas, y con las que la gente libremente criticaba y se burlaba de los ricos y poderosos que regían sus vidas. La calavera se hizo parte integral de los Días de Muertos.

Los corridos (romances en la tradición oral cuyos temas muchas veces se enfocan en eventos del día) se habían convertido en la forma popular de expresión política cuando México ganó su independencia de España en 1821. Para fines del siglo XIX, el corrido y la calavera habían reemplazado al pasquín casi por completo. Pequeñas prensas a lo largo del país publicaban los corridos y las calaveras más populares en hojas sueltas de papel colorido, divulgando información e ideas, muchas de estas en contra del régimen autoritario de Porfirio Díaz. La más notoria de estas prensas era la de Antonio Vanegas Arroyo en la Ciudad de Mexico, famosa por el trabajo del ingenioso poeta Constancio S. Suárez y José Guadalupe Posada, grabador de gran talento. Posada ilustraba los versos de Suárez que puso en forma tersa la verdad que es el alma de la calavera:

-----------------------Es una verdad sincera
-----------------------lo que nos dice esta frase:
-----------------------Que sólo el ser que no nace.
-----------------------no puede ser calavera.

Los Días de Muerto en el siglo XX


Estos son algunos de los elementos de los Días de Muertos que heredó el siglo XX. Con la Revolución de 1910, el arte moderno Mexicano estalló y los artistas jóvenes renunciaron no solamente a la orientación francesa que prevalecía en la época del Porfiriato (1877-1911), sino también a su propia herencia española, al mismo tiempo que idealizaban su pasado indígena. Para los artistas jóvenes de la Revolución, entre ellos José Clemente Orozco, Diego Rivera, Frida Kahlo, y David Alfaro Siqueiros, Posada era el padre del arte moderno mexicano y muchas veces incluían sus imágenes en su propia obra. Muchas de las imágenes de Posada, tal como su Calavera Catrina, asumieron carácter icónico y hasta la fecha son difíciles de separar del Día de Muertos.

Al descubrir de nuevo y reclamar sus raíces indígenas así como sus artes populares y festivales, tanto los escritores, como músicos, danzantes y artistas gráficos del México moderno realizaron obras que estallaron con imágenes, sonidos, y colores de una brillantez y originalidad vislumbrante. Sin embargo, para los indios, México seguía siendo un país colonizado por cuatrocientos años, su lengua y cultura dominante europea. Los jóvenes artistas lograron fomentar un nuevo respeto, un tanto romántico, por las costumbres y formas indígenas, pero no las adoptaron como parte integral de sus propias vidas. Los artesanos del pueblo seguían produciendo las populares calaveras de azúcar y juguetes del Día de Muertos, y los artistas y la nueva y creciente clase media culta los coleccionaban ávidamente como arte popular.

Ver la tradición mexicana del Día de Muertos como una costumbre curiosa del pueblo es hacerle poca justicia. Siempre ha sido una actividad religiosa viviente con su propia cosmología, vibrante con significado espiritual y emotivo para la gente que participa en élla. En su esencia el Día de Muertos se caracteriza por la veneración, la oración, el rito y el duelo, la ligereza en sus celebraciones algo aparte. Sin sus creencias, sin la fuerza espiritual y emotiva, el Día de Muertos no hubieran sobrevivido a nuestros tiempos, mucho menos a inspirar tal arte.

Despues de la revolución, el Días de Muertos se seguía festejando entre la población indígena tradicional, de modo que era una fiesta de los pobres y especialmente los campesinos. La clase media urbana raramente ponía altares en el Día de Muertos excepto como graciosas ostentaciones de arte “indígena.” En el Día de los Fieles Difuntos ellos visitarían el cementerio, pondrían flores en la sepultura y tal vez asistirían a misa. En cambio, la costumbre del Día de Muertos no era cosa moderna sino una tradición demasiada india para ellos. Una cosa era ostentar arte indígena, otra cosa ser indio. De vestirse la urbana Frida Kahlo con trajes tehuanos y lucir en su delicado cuello pesados collares de piedra-verde prehispánicos, no la hacía india.

A la vez que México se volvia más urbano y más industrializado, al menos en las ciudades mayores, el Día de Muertos se hacía más secularizado. De no ser por las comunidades indígenas fieles a sus tradiciones, tal vez el Día de Muertos se hubieran convertido simplemente en una costumbre india llena de colorido, un símbolo querido pero anticuado de la identidad nacional.

Los Días de Muertos en los Estados Unidos

A fines de los años 60 y principios de los 70, brotó un nuevo interés de un sector inesperado. La intervención de los Estados Unidos en Viet-Nam explotó en plena guerra y muchos ciudadanos de origen mexicano vieron reflejada en ella la invasión de México por los Estados Unidos (1846-48). Al mismo tiempo e inspirados por el Movimiento de Derechos Civiles de los Estados Unidos, los trabajadores del campo encabezados por César E. Chávez y bajo el estandarte de la Virgen de Guadalupe hicieron plena huelga en los viñedos de California. Los dos eventos galvanizaron la identidad de los ciudadanos estadounidenses de origen mexicano quienes empezaban a llamarse chicanos.

La búsqueda por y la formación de una identidad es siempre una cuestión espiritual, moral, y de apoderamiento, especialmente en una sociedad que ejerce tanta presión para asimilarse como en los Estados Unidos. En 1970 la Moratoria Chicana contra la guerra en Viet-Nam integró un movimiento político y cultural que contaba con su propia música, literatura y arte gráfico, sobre todo el mural. Los muros en San Francisco, Los Angeles y otras ciudades por todo los Estados Unidos brotaron en colores e imágenes que tomaban inspiración en el movimiento muralista de México. Extensivamente citaban la obra de Posada, Orozco, Rivera, Siqueiros y Kahlo e incorporaban imágenes indigenistas tal como piedras del sol, águilas que devoran culebras, serpientes emplumadas, Guadalupes y campesinos zapatistas — el arte chicano, arraigado en la cultura mexicana pero hecho en los Estados Unidos, era algo singularmente propio.

A fines de los 60, algunos maestros de ascendencia mexicana con lazos al Día de muertos, empezaron a montar altares en sus aulas de clase. A principios de los 70, tanto en la Galería de la Raza como en el Museo Mexicano de San Francisco, el Centro Cultural de Artes Latinas de la Misión y otras galerías en San Francisco, surgieron exposiciones de Día de Muertos, con diferentes artistas invitados a montar sus ofrendas. Lo mismo ocurrío en Los Angeles y rápidamente se extendió a otras ciudades como Chicago con grandes poblaciones de chicanos e inmigrantes mexicanos. Y a mediados de los 70, el Teatro Campersino montó parodias satíricas con personajes de calavera para los trabajadores de campo. Esta rica y compleja tradición del Día de Muertos que se celebraba en la región al sur llamada Mesoamérica, donde florecieron las altas culturas, casi no se conocía en Aztlan (el México del norte y lo que ahora es el suroeste de los Estados Unidos) donde las culturas indígenas eran más nómadas. Allí no se acostumbraban las ofrendas y solamente éstas aparecían cuando personas del sur inmigraban al norte. Pero ahora, las ofrendas y exposiciones de los Días de Muertos empezaban a aparecer en Nuevo México, Tejas y otras partes del suroeste.

Nuevas formas del arte para los Días de Muertos

Ansiosos por reclamar sus raíces mexicanas y más su herencia mexicano-indígena, los chicanos sacaron la ofrenda, objeto central en el Día de Muertos, de fuera su contexto original y la convirtieron en una nueva forma de arte. Pocos de los artistas que participaban en estas exposiciones conocían de primera mano las tradiciones del Día de Muertos, pero algunos mayores y recién inmigrados del sur-central de México fueron invitados a montar ofrendas “tradicionales.” Estas tal vez no contaban con todos los elementos prescritos: la imágen de Guadalupe, las flores, el agua, el pan, la comida y bebida, las velas, las calaveras de azúcar, o el copal, pero sí incluían ofrendas de algúno u otro tipo, además de elementos decorativos como el papel picado y las banderolas y si la ofrenda honraba a una persona en particular, fotografías y recuerdos personales.




Ocasionalmente, se exhibían en México ofrendas “tradicionales” como muestras del arte popular en los museos y espacios públicos, frecuentemente bajo los auspicios de FONART (el Fondo Nacional para el Fomento de las Artesanías), pero hasta entonces, la ofrenda siempre había sido una expresión sacra y privada de devoción, creada para el hogar, algunas veces para la tumba familiar, y de vez en cuando para la iglesia.

La íntima y devota ofrenda familiar, ahora se volvió punto de partida para crear obras de arte para galería, dando lugar a declaraciones públicas frecuentemente de índole político, e incorporando la función sociopolítica de la calavera con la forma religiosa de la ofrenda. Es cierto que muchos artistas veían en su obra arte sacro. Frecuentemente creaban ofrendas que rendían homenaje a difuntos familiares, amigos o personajes públicos y ritualmente consagraban el espacio de la galería y la ofrenda, zahumándolas con copal o artemisa. Pero los aspectos religiosos y sagrados asumián una definición más amplia. Ahora, el énfasis era en el arte fino. Esto fue una nueva forma de arte, una variación en el arte de la instalación. En el contexto de la galería, la denominación “ofrenda” se usa popularmente para cualquier instalación con el tema de la muerte. Frecuentemente, el objetivo de estas ofrendas como obra de arte es no tanto para consolar como para inquietar.

Esta nueva manifestación del Día de Muertos como arte público muy pronto ejerció su influencia en México. Ofrendas que honraban figuras públicas y recordaban acontecimientos políticos empezaron a aparecer con más frecuencia en los espacios públicos como galerías, museos, bibliotecas, centros comunitarios y hasta edificios del gobierno. Aunque las fiestas de muertos en tales lugares como Michoacán, Morelos, Oaxaca, Tlaxcala y Veracruz siempre habían atraído visitantes, la popularización de las fiestas en los Estados Unidos ocasionó un aumento del número de turistas a México durante esos días a tal grado que los cementerios se desbordaban con gente urbana y extranjeros cargados de cámaras.

Las procesiones fueron otro acontecimiento notable en los Estados Unidos. Una procesión auspiciada por Self-Help Graphics en el cementerio Evergreen de Los Angeles se inició en los años 70 y otra bajo los auspicios de la Galería de la Raza en el distrito de la Misión de San Francisco en los 80. Ambas se hicieron tan populares que con la novedad de disfrases y conjuntos de samba, se parecían más a espectáculos de Halloween o bien desfiles de carnaval que homenajes tradicionales a los difuntos. Es interesante observar que en la Ciudad de Oaxaca desde los 70, las comparsas enmascaradas de calaveras y disfrazadas de esqueletos, quizás influenciadas por el Halloween de los Estados Unidos, empezaron a destacarse en las celebraciones del Día de Muertos, agregando un elemento de carnaval a la fiesta.



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En Mexico, todavía se celebra el Día de Muertos con profunda emoción y devoción espiritual, tanto entre los herederos de la tradición como otros que adoptan la práctica. En los Estados Unidos, donde la cultura predominante carece de una fiesta dedicada a los muertos, muchos toman de las tradiciones del Día de Muertos, respetuosamente adaptándola a sus propias necesidades y circunstancias, colocando altares cada año para honrar a sus difuntos en la intimidad del hogar. . .

La tradición del Día de Muertos como se practica en México nos llega desde los albores de nuestro pasado pre europeo, una tradición vital cargada de significado histórico, religioso y espiritual. Cambiará mientras continúe popularizándose y mientras las culturas que la nutren y mantienen luchan por preservar su identidad ante las exigencias del siglo XXI con su empuje hacía la globalización no sólo económica sino también cultural
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*Algunos estadounidenses, canadienses, y otros artistas extranjeros en lugares como San Miguel de Allende ahora producen “arte popular” de los Días de Muertos para exportación a los Estados Unidos y al extranjero. Tiendas de artes y artesanías de alrededor del mundo, como Global Exchange (Intercambio Global) en la zona Bahía de San Francisco ahora venden figuritas de la muerte y cajas de vidrio del Perú y Bolivia pintadas con imágenes de Posada, cortinas de bambú de Viet-Nam pintadas con imágenes de Posada, bloques de madera para estampar de Nepal con imágenes de milagros mexicanos y vasos de vidrio para veladora en forma de calavera, hechos en China. Y por supuesto cada vez más artefactos, calendarios y libros con temas de Día de Muertos se producen en los Estados Unidos.
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jueves, 31 de octubre de 2019

Víspera de Todos los Santos

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-----------Chasco y Regalo


La muerte a la puerta,
----o en emboscada entre la hojas,
la muerte misma es el chasco inevitable;
el único regalo que vale la pena,
-----amar sin temor,
------------------------y amar bien.




--------------------------© Rafael Jesús González 2019







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lunes, 21 de octubre de 2019

Escorpión

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---------Escorpión

El alacrán
---en sus ojos de ópalo
---guarda los secretos
---del agua inmóvil.
Eleva, tenaz, su cola de hierro
y su aguijón de topacio
refleja las luces rojas de Marte,
---las luces obscuras de Plutón.
Se esconde detrás del palo erecto,
------en la cueva húmeda;
y sabe los secretos del alma.





-----------------------© Rafael Jesús González 2019





 

 

domingo, 13 de octubre de 2019

luna llena: un rezo





Madrina luna llena, en estos días que marcan el encuentro de dos mundos ignorantes el uno del otro, el uno no más viejo o menos viejo que el otro, ayúdanos ver la necesidad de un mundo verdaderamente nuevo que sane las heridas de ese encuentro, que venere y tenga por sagrada la Tierra y la vida en toda su diversidad que da nacer, un nuevo mundo de amor y de justicia.







sábado, 12 de octubre de 2019

Día de la Raza

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El 12 de octubre es fiesta conocida en varias regiones y épocas por muchos nombres: Día de Colón, Día del descubrimiento, Día de la hispanidad, Día de las Américas, Día de la raza, Día de los pueblos indígenas.

En México en 1928 a la insistencia del filósofo José Vasconcelos, entonces Ministro de Educación, se le nombró Día de la Raza, denominación de la Unión Ibero-Americana en 1913 para declarar una nueva identidad formada del encuentro de los Españoles y los indígenas de las Américas. En 1902 el poeta mexicano Amado Nervo había escrito un poema en honor del Presidente Benito Juárez (indio zapoteca) que recitó en la Cámara de Diputados, titulado La Raza de Bronce alabando a la raza indígena, título que más tarde en 1919 el autor boliviano Alcides Arquedas daría a su libro. El bronce (metal noble fundido de varios metales) llegó a ser metáfora del mestizaje. Según el pensar de Vasconcelos una Raza Cósmica, la raza del porvenir, es la raza noble que se forma en las Américas a partir del 12 de octubre de 1492, la raza del mestizaje, un amalgama de las gentes indígenas de las Américas, de los Europeos, los Africanos, los Asiáticos, las razas mundiales — en una palabra, la raza humana compuesta de una mezcla de todas las razas que Vasconcelos denominó la Raza Cósmica.



Pero no se puede ignorar que esta raza ideal se forma a gran costo de los pueblos indígenas Americanos (y de la gente africana traídos aquí como esclavos). Desde 2002, en Venezuela se le llama a la fiesta Día de la Resistencia Indígena.

Sea como sea, por cualquier nombre que le demos, de cualquier modo que la cortemos, es la misma torta — la fecha conmemora la llegada de los Europeos a América (que para ellos era un “nuevo mundo”), no una visita sino una invasión, un genocidio, subyugación de las gentes de ese “nuevo mundo” que hoy conocemos por el nombre de un cartógrafo Europeo que apenas pisó el suelo sagrado de los continentes que llevan su nombre. Lo que marca la fecha es una continua colonización, explotación, abuso, ultraje de los pueblos indígenas de las Américas que escasamente ha menguado, que ha persistido estos quinientos y veinte y tantos años.


Bien se le pudiera nombrar Día de la Globalización. A partir de ese día se comprueba concreta y definitivamente que la Tierra verdaderamente es redonda, una esfera, una bola, un globo. Y desde esa fecha se les trata imponer forzosamente a las gentes indígenas del “nuevo mundo” una cosmología, actitud bastante extraña hacia a la vida, hacia a la Tierra, hacia a la economía, hacia a lo sagrado, hacia al ser humano mismo — una sola verdad estrecha e intolerante, un desdén rapaz hacia la Tierra vista solamente como un recurso para explotarse, un concepto del progreso difícil de distinguir de la codicia y el hambre del poder.

La causa de los indígenas clama por justicia: se les sigue robando sus tierras y terrenos, se los destruyen por sus valiosas maderas y minerales; sus creaciones agrícolas, tal como el maíz y la papa, que han salvado del hambre a gran parte del mundo, se modifican al nivel molecular y se controlan por corporaciones rapaces; sus medicinas tradicionales se patentan por esas mismas corporaciones; el agua sagrada misma se privatiza y se les roba; aun no se les respeta el derecho a sus creencias y culturas. Aun poniendo al lado la justicia, todos deberíamos aliarnos a las gentes indígenas de las Américas (y del mundo entero) en su resistencia contra tal abuso porque lo que los amenaza a ellas nos amenaza a todos en el mundo entero — y a la Tierra misma. Tienen muchísimo que enseñarnos acerca de una relación sana del hombre con la Tierra.

En una Tierra, mucho más chica y frágil de lo que imaginábamos, nos encontramos en plena globalización y pugna contra la imposición de un capitalismo desenfrenado y del fascismo, su lógica extensión, que lo acompaña. Sigue la resistencia indígena que jamás ha cesado durante estos cinco y un cuarto de siglos a pesar de una represión brutal y ahora todos nosotros de la raza cósmica de mera necesidad debemos aliarnos a su lucha, pues esa lucha es nuestra de todos si hemos de sobrevivir en la Tierra, bendita madre de nuestra estirpe, la estirpe de la raza humana — y de toda nuestra parentela los otros animales, las plantas, los minerales. En la Tierra redonda y sin costura son ficticias las fronteras y lo que amenaza a unos nos amenaza a todos. Pensar al contrario no es solamente inmoral sino locura.


Berkeley, Alta California


© Rafael Jesús González 2019

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lunes, 7 de octubre de 2019

Soplando el pito

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La semana pasada en la discusión después de una lectura hice la arrogante y tonta declaración que no creía en héroes y que el único héroe estadounidense que se me ocurría era Martin Luther King jr.

Como toda generalización tonta no era la verdad. A lo que estaba reaccionando era la manera fácil e irrefexible en la que nosotros en los EE.UU. hacemos "héroes" y la tendencia europea, especialmente de la cultura inglesa, de glorificar a pioneros del imperio dándoles sus nombres a las prominentes, no, sagradas características de la Tierra. Así la montaña más alta sobre el nivel del mar en la Tierra, Chomolunga (que en tibetano me han dicho significa "Abuela de los dioses" o "Santa Madre") se vuelve en el Monte Everest llamado así por un topógrafo inglés. Y la montaña más alta en los EE.UU continental (que por cierto he subido) se vuelve en el Monte Whitney así nombrado por un geólogo estadounidense cuando el nombre antiguo en lengua indígena paiute es Tumaniguya, "El muy anciano," una vez hogar del Gran Espíritu. Así la poesía se ignora y a los sitios sagrados de la Tierra se les dan los nombres banales de pioneros del imperio.

Geógrafos y topógrafos tal vez sean hombres muy honorables y sus  hazañas explorando tales alturas tan desalentadoras muy admirables pero ¿héroes? Mi declaración fue tonta y falsa y yo seguramente podría nombrar muchos héroes en la historia estadounidense aunque no tantos como se honran con la palabra.

Sí, un elemento del héroe es la valentía pero para mí no es suficiente. Su acción de él o ella debe tener valor moral y causa noble. (Bajo estas condiciones la mayor parte de los "héroes de guerra" no serían tales.) Y a demás un(a) héroe más veces que no debe actuar en contra la autoridad de las instituciones (el gobierno, la religión, la costumbre) a las que sirve cuando estas violan la ética y la moralidad.

Sí, puedo nombrar much@s héroes estadounidenses; muchos de ell@s han llevado un pito y han tenido el valor de soplarlo, entre ell@s mi amigo Dan Ellsberg y Karen Silkwood y Edward Snowden y Chelsea Manning y much@s otr@s la mayoría no reconocidos.

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*(Uso la palabra "héroe" para también referirse a las "heroínas," mujeres héroes.)

 
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https://es.wikipedia.org/wiki/Alertador-


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---------------Soplando el pito

“This is a matter of extraordinary consequence to American intelligence.”

----------------------------------------- Diputado Republicano Peter King 

-----------------------para Deep Throat, Dan Ellsberg, Karen Silkwood,
-----------------------Philip Agee, Bradley Manning, Edward Snowden
-----------------------y todo héroe que sopla el pito para despertarnos.


Asunto de consecuencia extraordinaria
para la inteligencia americana en verdad,
y no solamente la inteligencia
del estadounidense
tal pone a la prueba
sino su posesión de una espina dorsal.
¿No agradeceré que se me diga
que me espían?
-----que se me roba a ciegas?
----------que se me miente?
que es asesinado mi vecino?
¿Seré bobo?
---------------O ¿tan asustado
que tan fácilmente entrego mi libertad
a los espías, los embusteros, los ladrones,
los asesinos que me tienen miedoso?
Olvídate de la seguridad de la cual poco tenemos;
que todo mundo tenga conciencia,
-----------un pito,
y suficiente espina dorsal pare soplarlo.

Este no es poema
------aunque las líneas sean quebradas —
como pito soplado
esto es llamada, advertencia, alarma —

---------¡Despierta!




-----------------------------------© Rafael Jesús González 2019


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https://es.wikipedia.org/wiki/Alertador
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viernes, 4 de octubre de 2019

Fiesta de San Francisco de Asís

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-------Hermano Francisco

------He pecado contra mi hermano asno.

--------------------------- Francisco de Asís


Hermano Francisco,
muchos te han de haber visto
como un simple
hablando con los pájaros,
haciendo amigos con el lobo,
compadeciendo al conejo y al pez.
De tales bobos hacemos gloria
----------en la Tierra.
Ahora tonto es el que no vea
nuestra hermandad
con los otros animales
-----con los árboles y las hierbas
----------con las piedras y guijas.
Sólo reconociendo esto nos salvamos
-------no digo el alma
-----------mas nuestro querido asno. 





-------------------------------© Rafael Jesús González 2019





           
 
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