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Yo no necesito día especial para honrar y celebrar a mi madre; lo hago todos los días aunque ya por muchos años yacen sus huesos bajo tierra Per ya por costumbre se ha designado día para hacerlo y especialmente recuerdo a las madres llegando de sus país de Centro y Sud América a la frontera de los EE.UU. se les arrebatan sus hij@s de los brazos; madres de Yemen y Palestina y tantos otros países torturados por guerra, sanciones crueles, regímenes tiranos demasiadas veces debidas a política estadoundense, a los estragos del capitalismo. Honoro las madres cuyos hij@s han sido muertos por la policía y el racismo sistémico del país. Y muy en especial honor a nuestra madre de todos, la sagrada Tierra a quien hemos dañado y cuyo dolor somos nosotros mismos.
El Día de madres se celebra en los Estados Unidos el segundo domingo de mayo, y por el mundo entero en distintas fechas. Pero en todas, este día en el cual se le rinde veneración de corazón a la madre es a la vez pretexto para un sentimentalismo empalagoso que el comercio fomenta para vender tarjetas sacarinas, claveles sin aroma, y chucherías para aumentar las ganancias.
Olvidamos el origen de esta fiesta relativamente moderna. El Día de Madres empezó después de la guerra civil de los Estados Unidos como protesta a la mortandad en esa guerra por las mujeres que habían perdido a sus hijos a la guerra. Tal fue el principio del Día de Madres anual propuesto por una madre. Brindemos de todo corazón nuestros homenajes a todas nuestras madres y las madres de todos y no caigamos en el sentimentalismo fácil sino dediquémonos a evitar el sufrimiento de toda madre (y sus hij@s): la pobreza, el hambre, el abandono, el desamparo, falta de educación, violencia, la guerra.
Rafael Jesús González
¡Levantémonos, entonces, mujeres de este día! ¡Levantémonos todas las mujeres que tengamos corazones, sea nuestro bautismo de agua o de temores! Digamos firmemente: “No permitiremos que las grandes cuestiones sean decididas por agencias que no vienen al caso. Nuestros esposos no vendrán hediendo a carnicería a nosotras por caricias y aplauso. No se nos quitarán a nuestros hijos para que desaprendan todo lo que les hemos podido enseñar de la caridad, la piedad y la paciencia.Nosotras las mujeres de un país seremos demasiadas tiernas de las de otro país para permitir que nuestros hijos sean entrenados a dañar a los suyos. Del pecho de la Tierra devastada una voz se alzará con la nuestra. Dice, “¡Desarmad, desarmad! La espada del homicidio no es la balanza de la justicia.”
La sangre no limpia nuestra deshonra ni la violencia indica posesión. Como los hombres han a menudo abandonado el arado y el yunque a la citación de la guerra, que las mujeres ahora dejen todo lo que se pueda dejar del hogar para un gran y fervoroso día de deliberación. Que se encuentren primero, como mujeres, para llorar y conmemorar a los muertos.
Que entonces solemnemente se aconsejen unas con la otras de modo que la gran familia humana pueda vivir en paz, cada quien llevando a su propio tiempo la empresa sagrada, no la de César, sino la de Dios.
En el nombre de la mujer y de la humanidad, fervorosamente pido que un congreso general de mujeres sin limites de nacionalidad sea designado y convocado en algún lugar determinado más conveniente y en el más cercano periodo consistente con sus objetivos, promover la alianza de las distintas nacionalidades, la resolución amigable de cuestiones internacionales, los grandes y generales intereses de la paz.

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