Luna, madrina
A veces pienso que ha de estar muy cansada la luna, anciana compañera, comadre de la Tierra. Ha de ser muy pesado jalar las aguas de los mares, los ríos, nuestra sangre espesa y rebelde. Pobrecita madrina nuestra, escudo de gravedad y plata que en sus rondas eternas nos protege de los meteoritos que nos dañaran arrebatándolos con su fuerza, mostrando su rostro aun bello cacarizo de cicatrices, de cráteres y valles. Virgen y estéril aun cuida de nosotros la vieja luna que desde nuestro nacer nos arrulló con sus cantos de cuna.
Ahora en estos tiempos de peligro y congoja nos dicen los chamanes de las amazonas que debemos mandarle nuestras penas, enojos, temores para que ella los cargue y nos limpie el intento.
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Curandera y madrina, bendice las hierbas, los naguales benditos, nosotros tus ahijad@s rebeldes y con tu medicina cúranos de nuestros males, de nuestros pesares, de nuestra locura.
© Rafael Jesús González 2008

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