jueves, 13 de marzo de 2008

Presidente George W. Bush pone el veto a estatuto prohibiendo la tortura

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Desde que era muy joven, aprendí que hacia el final del Imperio romano uno de los síntomas mayores de su decadencia y caída era la crueldad endémica no sólo de sus emperadores sino del pueblo también, una crueldad que brotó en la flor maligna de la tortura. La gente se amontaba en el Coliseo a presenciar un circo de tortura y de hecho el mero símbolo de la fe cristiana a la cual nací es uno de los instrumentos de tortura y muerte favoritos de Roma, la cruz.

Mi religión enseñaba que la inflicción voluntaria del dolor a otro era pecado grave y tal se me enseñaba en todas las escuelas a las que jamás asistí. Se enseñaba que la nación, los Estados Unidos de América, era libre de esa culpa, repudiaba y proscribía la práctica de la tortura no solamente hacia personas sino también hacia animales. Se me enseño que su historia era limpia de la tortura, pura de crueldad.

Por supuesto que acostumbraba leer ampliamente y así me alentaban mi padre, mi madre, mis maestros, y sabía lo suficiente de la historia y la conquista y colonización de América para saber lo contrario. Sabía la historia del indio americano, del esclavo africano y del ciudadano Afro-americano y la costumbre de palizas y linchar por el K.K.K. y otros ciudadanos estadounidenses, pero sin embargo, la tortura era lo que hacían la inquisición española, los fascistas italianos, los imperialistas japoneses, los nazis alemanes, los comunistas rusos, no los EE. UU. de A., no una democracia. Aceptaba esto y más tarde, aun cuando durante mi servicio en la marina e infantería marina estadounidenses presencié algunos incidentes oliendo a crueldad, sabía que no era cuestión de política. Aun las crueldades y torturas cometidas por nuestros soldados en su invasión de Vietnam eran irregularidades, no política.

Pero luego había la Escuela de las Américas (ahora llamada “Instituto de Cooperación para la Seguridad Hemisférica” a causa de la infamia acumulada a su nombre) que por casi medio siglo entrenó a los agentes y torturadores, violadores de los derechos humanos de los dictadores que el gobierno de los EE. UU. ponía y apoyaba, apoya, por toda Latina-América. Algunos de esos mismos dictadores graduados de la escuela. Pero, eh, entrenando torturadores no nos hace torturadores, algunos decían.

Ahora en la edad del “terrorismo” aun esa máscara ineficaz se ha caído. El Fiscal General de los EE. UU. anterior Alberto R. Gonzales (vergüenza) llamó a los Acuerdos de Ginebra que protegen contra la tortura y violación de derechos humanos “anticuados.” Y el Fiscal General actual Michael Mukasey concurre. La tortura de prisioneros en Guantánamo se justifica. Los más responsables por la tortura en Bagram en Afganistán y Abú Ghraib en Irak reciben una palmadita en la muñeca.

Ahora el Presidente pone el veto al estatuto del congreso que prohibiría a la CIA de usar la tortura por agua y otras “técnicas de interrogación dura” (tortura) de personas sospechadas de terrorismo. Y el congreso no cumple en subvertir el veto de Bush.

Hace mucho que la violencia y la crueldad han sido nuestra obsesión, la tortura virtual pasatiempo en el cine, en la televisión, en los juego de video. Crímenes violentos de odio aumentan precipitosamente. La crueldad, la decepción y la traición son lo que impelan los populares tales llamados “Shows de realidad” y ahora el Show de realidad Fox “Solitario” presenta la tortura como diversión. Una gran parte de nuestra juventud son alimentados de violencia y crueldad. El terror somos nosotros.

La política del gobierno de mi país nos hace más y más odiados por el mundo. Más y más soy afrentado por el gobierno, más y más avergonzado de mi país que lo tolera. En una supuesta democracia nuestro asenso es tan criminal como las acciones de nuestro gobierno. Como imperio, como nación, como pueblo estamos en decadencia. Estamos por perder el alma.

El año pasado en la Universidad de California, Berkeley asistí a la apertura de una exposición de las pinturas del artista colombiano Fernando Botero sobre las atrocidades de Abú Ghraib en la cual habló. Pintó para expresar su furia y oposición a la tortura asumiendo que el que las mira comparte su horror a la crueldad. "El art es una acusa permanente,” dice. Pero si el horror pueda se bello, sus pinturas pueden ser presentadas como prueba, si alguna más necesitaríamos después de los siglos de crucifixiones y mártires que cargan la historia del arte occidental. Me pregunto cuantos admiran las pinturas de Abú Ghraib de Botero por el horror con que nos enfrentan o por la titilación que nos hace placentero el dolor.

Temo pensar que mi fe se ha comprometido tanto como lo ha sido mi fe en mi país.
© Rafael Jesús González 2008





---El arte en tiempos de conflicto

------------------------------a Fernando Botero


La luna gibada y gorda
se cuela por entre las rejas
de Abu Ghraib y Guantánamo
bañando con su luz fría
las manos, los pies atados,
las mordidas de los perros,
los ojos vendados
las almas, los cuerpos violados.

La luna gibada y gorda
no es buena, no es mala —
es espejo que explora la llaga.
No es de ella la locura
de torturadores y verdugos,
de presidentes e inquisidores.

La luna gibada y gorda
se cuela por entre las rejas
de la indiferencia letal.




-------© Rafael Jesús González 2008



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