Ayer celebré la fiesta de Martin Luther King Jr. (el único santo que este país a producido según una amiga) como lo he hecho por los últimos once años en la Iglesia Metodista Conmemorativa Taylor en Oakland y me senté, como lo he hecho por tantos años, con mi hermosa amiga Harriet en la segunda fila. Vi a queridos amigos, Matthew Fox y otros que ahora veo solamente de vez en cuando, muchos de ellos en este día una vez al año.
Fue una celebración distinta a las otras. Recordé la Sexta celebración anual hace cinco año cuando fui yo el que presentó el discurso principal* y lo distinto que fue entonces. Pensé en un día de agosto hace cuarenta y cinco años cuando el hombre martirizado a quien honramos este día habló de su sueño en la capital de la nación.
Se me hinchó el corazón y se me mojaron los ojos, el desencanto de tantos sueños rotos o deferidos endulzado por la esperanza de que sean remendados o cumplidos, pues al día siguiente se inauguraría como el cuarenta y cuarto presidente de los Estados Unidos a un tal Barack Obama de descendencia africana directa, algo que en mis casi tres-cuartos de siglo de vida no pensaba vivir a ver.
Esta mañana me desperté temprano y fui al Museo de California en Oakland, a través de la calle del Colegio Laney donde había pasado treinta años de mi vida enseñando, para ver con colegas la inauguración proyectada sobre una gran pantalla en el teatro del museo. Otra vez esa hinchazón del corazón, un nudo en la garganta, y humedad en los ojos. Soy de esa generación que por primera vez cometió desobediencia civil por causa del los derechos civiles para todos y por el sueño de justicia y paz del Dr. King que a la vez ha sido el mío desde que recuerdo.
Tal vez hubiera sido suficiente que el presidente fuera “negro” (aunque tiene igual derecho de llamarse “blanco”), pero que a la vez sea inteligente, elocuente, amable, bello y afable me causa que me cante el corazón. No me puse de pie cuando tocaron el himno nacional (la traiciones han sido demasiadas y demasiadas graves y sus enmiendas y sanar quedan por cumplirse) pero sí experimenté la esperanza renovada, aunque hecha cautelosa por el escepticismo de una vida luchando por el sueño.
Pero el presidente habló de la esperanza mientras claramente nombró los obstáculos (traiciones) que debemos enfrentar y habló de una unidad en la nación devotamente deseada, y de nuestro lugar en la comunidad de naciones y pueblos que deben realizar la justicia y la paz y el sanar de la Tierra si hemos de vivir. Y sentí regocijo pues la esperanza se bruño dentro de mí.
Esta tarde mi compadre John me llamó de Nuevo México; los alumnos de su escuela tendrían un baile formal con vestidos y trajes adquiridos en tiendas de segunda-mano para celebrar la ocasión. Y mi querida amiga Dobré me llamó de Nueva Orleáns para expresar su felicidad (aunque dijo que muchas de sus compañeras de trabajo en la clínica habían dicho que no verían la inauguración porque les causaría asco — el racismo un cáncer en la psique nacional que persiste todavía por erradicar.)
Pero ahora hay esperanza y regocijo. Mañana esa esperanza y ese regocijo bebe informar y renovar nuestra lucha por el sueño imprescindible. La tarea apenas empieza.
*Realizando el Sueño
Discurso principal para la sexta celebración de la Fiesta nacional de Martin Luther King Jr.
en la Iglesia Metodista Conmemorativa Taylor, Oakland, California, lunes, 19 de enero 2004
Discurso principal para la sexta celebración de la Fiesta nacional de Martin Luther King Jr.
en la Iglesia Metodista Conmemorativa Taylor, Oakland, California, lunes, 19 de enero 2004
Para honrar a Martin Luther King Jr. no necesitamos albarlo a quien no necesita elogios. Tales santos mucho hacen para cambiar al mundo e inspirar y elevar nuestras vistas, pero les hacemos pequeño honor con nuestras cómodas alabanzas si no hacemos nuestros a sus sueños. En vez debemos preguntarnos porque hemos realizado tan poco de su sueño.
Todos santos tienes sueños y visiones, pero estas no son las vagas fantasías de pensamientos indolentes. En ves son metas actuales y frecuentemente planes de acción. La meta de King no era un lejano paraíso poblado de ángeles tocando sus insípidas arpas, sino para nuestra nación como parte de esta bendita Tierra.
El sueño americano de King fue hecho de las mejores partes del sueño de los padres fundadores de la nación. El sueño de King era que vivamos la Constitución y la Lista de Derechos y que la Constitución y la Lista de Derechos vivan sus mejores intenciones. El sueño de King era la justicia y la paz basadas en el reconocimiento de la dignidad de y respeto por todo hombre y mujer por el mundo entero.
¿Cuantos de nuestros ciudadanos abiertamente repudiarían ese sueño? Pero el sueño no se realiza porque no hemos hecho nuestro el sueño de King. Pienso que como nación nos hemos permitido se seducidos por otro “Sueño Americano” de consumo sin fin muy distinto al de King. Hemos permitido que los lo intereses comerciales formen nuestros sueños a tráves de la propaganda, la televisión, las películas, y otras formas de diversiones baratas.
Y es un sueño feo. Lleno de codicia, de avaricia. Lleno de violencia y muerte. Programas de fantasía y programas de “realidad” llenos de crueldad y deshonestidad, de falta de confianza y competencia criminal. Llenos de decepción y mentiras.
La diversión es pelusilla y vacío. La diversión “actual” que se nos vende son los grandes montones de metal que usan tremendas cantidades de petróleo combustible por el cual matamos a otras gentes y sacrificamos a nuestra juventud, arrancando por tierras sagradas que en la cuales no tenemos negocio estar de todos modos. La diversión “actual” es tragar cerveza porque hace que nuestros cuates y las muchachas “sexy” nos quieran. La diversión “actual” es atracarnos la boca con hamburguesas grasosas o supuestos tacos rellenos de carne por la cual derribamos bosques y selvas y que nos cargan las venas y nos hinchan el cuerpo. La diversión “actual” es llevar ciertos zapatos con marcas sin sentido por la cuales pagamos cientos de dólares mientras los hombres y mujeres y niños que los cosen ganan veinticinco centavos la hora. Tan “divertidos”, no, tan necesarios son que algunos de nuestros jóvenes que no tienen ese tipo de dinero matan por ellos. La diversión es comprar y comprar más, consumir y más consumir, ahogándonos en cosas inservibles.
Esta es la distracción que muchos de nosotros no podemos evitar. Esto, parece evidente, es el sueño de la mayor parte de nosotros en esta nación. Pero ese no fue el sueño de King. Soñó en la plena integración del africano-americano en la sociedad dominante tal que él/ella tuviera igualdad y justicia. King soñó igualdad y justicia para todos. Y mucho se ha cumplido: ahora podemos sentarnos dondequiera que queramos en autobuses públicos y beber de las mismas fuentes de agua y bañarnos en las mismas piscinas públicas. Pero ¿nos contentaremos con que ya no hayan rótulos en las puertas de baños públicos para los negros y los blancos?
El sueño de King abarcó un futuro de muchas más vastas visiones y fue un sueño para nuestr@s hij@s. Ese sueño de King es la herencia de l@s hij@s de nuestra nación y de l@s hij@s de todas las naciones. Pero en verdad, no creo que como nación amemos a nuestr@s hij@s; no los amparamos, vestimos, alimentamos, sanamos — o educamos. En los Estados Unidos, por mucho, son las criaturas las que sufren la más pobreza. Cuando King soñó y exigió, integración de la escuelas, fue principalmente porque las escuelas para los negros eran tan inferiores a las escuelas “blancas” y sabía que sin la educación para nuestr@s hij@s la libertad es limitada y precaria. Simplemente, nuestras opciones son limitadas por nuestra consciencia de lo que hay entro lo cual escoger. Pues la libertad reside primera y principalmente en la mente y en el corazón. King supo en la cárcel de Birmingham, y lo sabia todo mundo, que encarcelado en esa celda estrecha, era más libre que sus carceleros y más libre que la mayoría de sus compatriotas.
Ahora nuestr@s hij@s, blancos, negros, cafés, amarillos, de todos matices, se sientan juntos ante maestr@s mal pagados, demasiado trabajados en aulas mal equipadas y son igualmente educados inadecuadamente porque no nos hemos preocupado lo suficiente por la libertad de nuestros hij@s y hemos permitido que la educación pública sea prácticamente destruida. (Recordemos con vergüenza que fue solamente diez años después del asesinato de King que el electorado en California pasó la Proposición 13 que inició el despojo de la educación pública no solamente en California sino por toda la nación y es la cause de la bancarrota de California de hoy. Aun así, gastamos cinco veces más en prisiones que lo que gastamos en escuelas aunque cuesta tres veces más encarcelar a una persona que lo que cuesta educarla a ser un ciudadano útil y libre. Gastamos $35,000 al año para encarcelar a un(a) pres@ mientras corrientemente los gastos de la educación pública son $7,000 por estudiante.)
Y ahora, deshechas que son nuestras escuelas, nuestr@s maestr@s oprimid@s son aun más impedid@s de enseñar razonamiento significante y crítica, obligándoles a preparar sus estudiantes para exámenes sin sentido otra y otra vez más; no se enseñan las artes y la enseñanza se hace sin alegría. El gran escritor Ralph Allison bien conocía esta técnica y le llamó por lo que es: “tenlos corriendo.” Y el Presidente George W. Bush, que no ha dominado la lengua que esos exámenes supuestamente pretender evaluar, cínicamente le llama a su programa “ningún nin@ dejad@ atrás.”
Pero no todos sufren esto igualmente. Los bien puestos mandan as sus hij@s a escuelas privadas (por la cuales tienen la cara de pedir subsidio a la vez que los programas de “Affirmative Action,” que intentan asegurar alguna medida de igualdad a la minorías. son eliminados.) Los de recursos más modestos mandan a sus hij@s a escuelas públicas, las más pobres predominantemente en barrios de negros y latinos. Puesto que la más grande porción de los pobres son negros y latinos.
¿Nos sorprende que haya tanta violencia en nuestras escuelas y en nuestras calles? Muchos de nuestr@s hij@s son víctimas de una rabia profunda y general que más frecuentemente que no se vuelve contra si mismos y l@s maestr@s quien les ayudaran. Mientras nuestras escuelas y maestr@s son impedidas en su enseñanza, la televisión, las películas y la manera en que nos enfrentamos a los problemas internacionales les enseñan lo más efectivamente que la violencia es solución.
De todas las naciones del mundo, los Estados Unidos tiene la mayor porción de su pueblo en la cárcel. Especialmente nuestros pobres. Y la más grande porción de estos son negros y latinos. Lo mismo se puede decir de nuestras fuerzas armadas. Tanto por la ilusión de que la igualdad y la justicia se hayan logrado.
Lo que el plan “ningún nin@ dejado atrás” para impedir la educación hace es reducir las opciones de la juventud pobre (de los cuales hay más y más) a o a la cárcel o a las fuerzas armadas. Pues sin la educación con la cual ganarse una vida decente, sin asistencia pública, sin seguro de salud ¿qué expectativas les ofrecemos a la juventud pobre? Una de las estipulaciones de la farsa “ningún nin@ dejado atrás” es que las escuelas son obligadas a entregar los datos personales de los estudiantes a los reclutadores de las fuerzas armadas. No es nada menos que reclutamiento por extorsión económica.
Casi lo único que un padre o madre puede hacer es individualmente llamar a la escuela de sus hijos y exigir que los datos de sus hij@s sean guardados en privado y no entregados a los reclutadores. Pero ¿cuántos padres o madres saben esto? ¿Cuántos padres y madres, ellos mismos pobres y sin educación, llamarían? ¿Cuántos de nosotros hemos llamado? Así es que un cultura de pobreza es creada y perpetuada y l@is hij@s de la pobreza son obligados a pelear guerras imperialistas que benefician solamente a los ricos en poder. Estos son nuestr@s hij@s de cuales hablo — y se atreven los politicachos a preguntarnos si apoyamos a nuestras tropas quienes no tuvieron opción en el asunto.
Martin Luther King Jr. fue muy claro en esto en su oposición a la guerra en Viet-Nam. Y debemos estar igualmente claros en esto en oposición a nuestra guerra contra y ocupación de Irak. Debemos estar claros en esto en toda guerra que lancemos contra los pobres del mundo para el beneficio de los ya ricos y poderosos, las Corporaciones a las cuales George W. Bush y sus tipos pertenecen y representan. En esto debemos educarnos nosotros y a nuestr@s hij@s.
En el sueño de Martin Luther King Jr. la igualdad en la educación iba mano en mano con la igualdad en el sufragio, la manera por la cual en una democracia se remedian las faltas de la nación, el derecho y ejercicio del voto. Pues sabía que sin la habilidad de leer, sin los medios del razonamiento y discurso intelectual, sin veneración de la verdad y los medios con que buscarla ¿cómo podríamos averiguar y votar por nuestro verdadero interés, el interés del pueblo? La meta de la educación pública es y debe ser la preparación de nuestr@s hij@s a ser ciudadanos libres y responsables — todo lo demás es secundario.
Veámoslo claramente; los únicos que benefician de la ignorancia del pueblo son los ricos y poderosos que controlan la nación. Los que buscan dominar la nación y el mundo saben que es difícil manipular a ciudadanos instruidos. Y se atienen en y cultivan nuestra ignorancia. Hacen su gobierno más y más secreto. Hacen los asuntos más ocultos a través de distracciones y lenguaje explotador y engañoso. Por falsedad. Mentiras patentes. Me he pasado la vida de maestro de la lengua pero he tenido que pasar horas sobre mi balota para descifrar lo que cada de nuestras famosas proposiciones dicen. Y una vez que las he descifrado, encuentro que no significan lo que dicen que significan. Si un maestro del inglés de una vida tiene este problema ¿cómo ha de saber como votar un ciudadano mal instruido?
Muchos, muchos no votamos. Aunque Martin Luther King Jr. y los que marchaban con él sufrieron y demasiados murieron por el derecho de votar, demasiados de nosotros todavía no lo hacemos. Muchos dicen que es porque han perdido la fe, especialmente cuando muchas veces es difícil distinguir entre un Demócrata y un Republicano. Pero si un sueño es digno de realizarse no podemos perder la fe, una fe puesta a prueba por un escepticismo claro. Debemos votar reconociendo que aunque decidamos no votar esa es una opción y una opción contra nuestro propio interés. Y debemos enseñar a la juventud a razonar y a votar.
Aun cuando la elecciones sean cínicamente manipuladas como lo fueron en la Florida en las últimas elecciones presidenciales, aun cuando una Corte Suprema comprometida legalizó esa manipulación. (Y así lo dejamos con vergonzosa docilidad.) Aun, debemos votar.
Cuando guardamos silencio mientras se nos imponen máquinas electrónicas que no dejan registro y están completamente en las manos de los pocos ricos y poderosos quienes poseen nuestro propio gobierno, aun debemos votar. Nuestro mero silencio es indicación de que no hemos hecho nuestro el sueño de King; nuestra ausencia de la taquilla del voto dice en voz alta que no hemos hecho nuestro el sueño.
Keith Rosenthal escribe que “pensar que los Demócratas son mejores para nosotros que los Republicanos es como pensar que el pendenciero que te tumba y te roba el dinero es peor que su amigo que te ayuda a levantarte pero comparte el botín del pendenciero.” Pero aun, hay grados del mal y es nuestro deber votar por el menor de los males para abrirle el camino a un bien mayor.
Pero esa no debe ser nuestra única opción. Podíamos haber tenido un candidato, un Demócrata, que habla con voz clara y tiene por suyo el mero sueño que Martin Luther King Jr. soñó y labora para realizarlo. Hablo del Honorable (y uso el título con el peso completo de su significado) Dennis Kucinich, Diputado de Ohio. En varias ocasiones he hablado con el Sr. Kucinich y lo he cuestionado sobre todos los puntos del sueño y estoy satisfecho que tiene el sueño como muy suyo y está determinado en hacerlo real.
La prensa y la radio y la televisión lo han ignorado como si no existiera, pero no debemos permitir que los medios principales que nos alimentan violencia y mentiras y pertenecen a las mismas corporaciones que poseen nuestro gobierno decidan por nosotros quien es y quien no es elegible. No son las encuestas que conducen que deben decidir por quienes votemos. (Haciendo estas encuestas ¿a cuant@s de nosotr@s se nos han preguntado a quienes apoyamos y que creemos? A mí jamás se me ha preguntado y no conozco a persona que ha. Pero sé algo de cómo se pueden manipular e interpretar los números y estadísticas y no confío de las Noticias Fox ni de sus semejantes que digan la verdad. Su “centro” es tan cerca a la “derecha” que no tiene sentido.
Se le llamó a Martin Luther King Jr. radical y extremista, y de verdad lo fue, pues fue a la raíz de un problema y allí buscó su solución. Fue a las raíces de nuestra Constitución y Lista de Derechos y trató de hacerlas verdad con acción directa no violenta, pacífica. Pero George W. Bush y sus compinches también son radicales y extremistas; van a las raíces de nuestra Constitución y Lista de Derechos y tratan de destruirlas con engaño y violencia. Martin Luther King, Jr. dijo que “la cuestión no es si seremos extremistas, sino que tipo de extremistas seremos. ¿Seremos extremistas del odio o del amor?”
De hecho es una opción radical, la opción existencial a raíz de toda opción. Digo que la cosa única más importante para enseñar y para que nuestros hij@s aprendan es amar. Pues si no hemos aprendido ha amar, todo lo demás que habemos aprendido será mezquino y sin vida. Hay dos tipos del poder, uno verdadero y otro falso, que decretarán si sobrevivimos o no como nación y como especie. Uno es el verdadero poder que viene de la armonía entre el uno y el otro y con la Tierra. El otro es poder falso que viene del poder sobre otros y sobre la Tierra. El primero proviene de un sentido de poder interior, del poder del corazón a amar; el otro viene de un sentido de impotencia e inseguridad, de un sentido de temor y codicia. ¿No es verdad que nos sentimos más poderosos y seguros y enteros cuando amamos y nos sentimos amados, cuando nos sentimos en la exaltación de nuestro goce? Sobre todo, debemos vivir y actuar por amor y tener por sagrado nuestro regocijo.
Hablo de un amor que informe y dé fuerza a nuestro pensar y a nuestro actuar, no bobería sentimental que se nos pasa como amor en la pantalla del televisor. Hablo del regocijo, no la diversión vacía y espuria de una generación Pepsi o generación Budweiser o lo que sea que se nos pasa como goce. Digo el amor que hizo a Martin Luther King Jr. uno de los hombres más verdaderamente poderosos de nuestros tiempos. Digo el goce que nos hace realizar a Dios dentro nosotros y la Tierra que nos sostiene.
Seamos muy claros en estos tiempos de un gobiernos represivo que no ama ni avalora la vida ni la libertad ni a la bendita Tierra y crea un clima de desconfianza y temor, que lo que debemos defender más ferozmente es la raíz de nuestro poder — nuestro amor y nuestro goce. Estos no debemos permitir a nada tocar.
De estos y solamente de estos podremos hacer nuestro el sueño de Martin Luther King Jr. y realizarlo. Enseñamos a amar amando; enseñamos regocijo creando goce. Si las escuelas no enseñan arte, entonces hagamos nuestro propio arte aun con el desperdicio que producimos con nuestro consumo insensato. Hagamos máscaras de nuestras bolsas de papel y envolturas; coronas y sombreros de nuestras cajas de cartón, banderas de nuestros trozos de trapo, tambores y campanas de nuestras botellas de plástico y botes de hojalata, bailemos y cantemos a nuestra propia música y salgamos a nuestras calles con nuestros abuel@s, padres y madres, ti@s, con nuestros amig@s, nuestros niñ@s — con nuestros herman@s todos y hagamos regocijo y recordemos que sí, venceremos.
Hagamos nuestro arte ahora. Juntémonos con familias, con amig@s, con clubs y organizaciones, con iglesias y escuelas, con sindicatos y grupos y hagamos regocijo juntos en protesta de la oscuridad y el temor. Inundemos las calles de San Francisco, Washington D.C., Nueva York, Los Ángeles, Chicago, todas las ciudades del mundo en celebración de la Tierra, de la vida y cantemos en voz alta nuestra oposición a la fuerzas de la muerte. Tomemos nuestro arte y nuestra alegría y bailemos nuestro voto por la vida y cantemos nuestro sueño. Juntémonos con nuestros herman@s en Europa y América Latina y África y Asia y Australia y inundemos las calles con banderas arcos-iris, signo universal de la paz y de promesa.
Empecemos ahora mismo hablando con uno al otro de lo que verdaderamente importa — en la esquina de la calle esperando al autobús, en la estación esperando al tren, en el aeropuerto, en la cola en la oficina de correos, en la tienda de abarrotes, alrededor de la mesa en la cocina — en dondequiera que nos encontremos. Y trabajemos, con un compromiso de amor, con alegría, para hacer el sueño verdad.
Tenemos opciones claras. Amar o no amar; regocijo o desesperanza. Hacemos nuestro el sueño de paz y justicia o no. Y si no, que nos ampare Dios, pues nos destruiremos a nosotros mismos — y a la Tierra.

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